Título: MANUAL DE PINTURA Y CALIGRAFÍA
Subtítulo:
Autor: José Saramago
Editorial: Caminho
Ciudad: Lisboa - 2005
Fecha de Lectura: Octubre 2011
Se sienta bien, sin aquel segundo o tercer acomodo que denuncia el malestar o la timidez. P 10
No hay colores por inventar, juntando dos hago mil, juntando tres un millón, juntando siete el infinito, y si mezclo el infinito, reconquisto el color primordial, para empezar de nuevo. P 16
Ve bien, pintor, cual es la parte más fea de tu cuerpo y concentra en ella tus estudios para corregirte. Porque, si eres brutal, tus figuras lo parecerán también y no tendrán espíritu; y, de este modo, todo cuanto hay en ti de bueno o de malo se transparentará de algún modo en tus figuras. P 22
Por eso estoy tan seguro de esta mi sencilla verdad: el yo de este instante preciso es fundamentalmente diferente del que era un segundo antes, algunas veces lo contrario, pero sin duda, siempre, otro. P 28
Las mujeres que tuve hasta hoy están muertas, y tanto más muertas cuanto más las ame. P 28
Dividido entre la pequeña vanidad de una conquista fácil y la ironía vuelta contra mi al decirme que no había conquistado nada. P 37
La memoria no fija el placer, lo fija como una cualidad, no como un valor. P 40
Creer que la verdad se puede captar desde afuera, con los ojos solo, suponer que existe una verdad aprehensible en un instante, y a partir de ahí tranquilamente inmóvil, como ni siquiera una estatua lo es, pues se contrae y dilata a merced de la temperatura, se corroe por el tiempo y modifica no solo el espacio que la rodea sino también, sutilmente, la composición del suelo en el que se asienta, por las ínfimas partículas de mármol que va soltando de sí, como nosotros cabellos, limaduras de uñas, la saliva y las palabras que decimos. P 51
Quien retrata, a sí mismo se retrata. Por eso, lo importante no es el modelo, sino el pintor, y el retrato solo vale lo que el pintor valga, ni un átomo más. P 52
Por esa razón, quien mucho quiere conservar las amistades, vive sobresaltado con el temor de perderlas y en todo momento se ajusta a ellas como la pupila obedece a la luz que recibe. Pero el esfuerzo que hacen los grupos de amigos para este ajuste (¿Cómo se ajustaría la pupila a luces simultaneas de diferente intensidad, si pudiera separarlas y reaccionar ante ellas una a una?) no puede durar más que la capacidad de cada uno para mantener (hacia arriba o hacia abajo) su propia personalidad en el diapasón común adoptado. Buen acuerdo es, pues, no prolongar demasiado las reuniones para que no se alcance el punto de ruptura en que cada uno de aquellos pequeños astros sienta el deseo irreprimible de formar en otro lugar otra constelación, o de simplemente dejarse caer, cansado en el espacio negro y vacío. P 53
Otras veces he copiado textos como este desde que empecé a escribir, y por diferentes razones, para apoyar un dicho mío, para oponerlo a él o porque no sería capaz de decirlo mejor. P 62
Escribir en primera persona es una facilidad, pero también una amputación. Se dice lo que está ocurriendo en presencia del narrador, se dice lo que él piensa (si es que quiere confesarlo) y lo dice y lo que hace, y lo que dicen y hacen los que están con él, pero no lo que esos piensan, salvo cuando lo dicho coincida con lo pensado, y sobre eso nadie puede tener seguridad. P 76
Lección importante: nada se debe escribir una sola vez. P 87
Insisto en que todo es biografía. Todo es vida vivida, pintada, escrita: el estar viviendo, el estar pintando, el estar escribiendo: el haber vivido, el haber escrito, haber pintado. P 90
Un verbo es un color, un sustantivo un trazo. En el desierto solo la nada es todo. P 91
La realidad es lo intraducible, porque es plástica, dinámica. Y dialéctica también. P 91
Hemos vivido ya mucho los dos, o lo suficiente para que no haya grandes novedades, pero la verdad es que resulta difícil mirar a una persona a la que hemos querido, y decir: “Ahora ya no te quiero”. P 101
Te ruego que no quedemos como enemigos. No tenemos que quedar tampoco como amigos. P 101
Como se atreven los escritores, los poetas a escribir cada uno centenares o millares de páginas, y todos juntos millones y millones, cuando una simple definición diccionarística, o dos, darían, si se piensa bien, para llenar esos centenares o millares o millones y millones de páginas. P 105
Una parte de mi ya duerme, mientras la otra escribe. P 120
Es difícil ser amigo de alguien. Quiero decir: es, sobre todo, difícil saber hasta que punto se es amigo de alguien. P 121
Carmo llegó deshecho a mi casa. Se sentó deshecho. Habló deshecho. Era inevitable: Sandra lo había dejado. P 121
Uno no se siente nunca tan saludable como cuando está junto a un enfermo, nadie se siente más fuerte cuando está con un canijo, nadie tan inteligente como cuando habla con un débil mental. P 122
El arma mejor contra la muerte no es nuestra simple vida, por más única, por muy preciosa que legítimamente nos sea. El arma mejor no es esta vida mía a quien la muerte asusta, es todo cuanto fue vida antes y perduró de ser en ser, hasta hoy. P 135
Me despido de los muertos, pero no para olvidarlos. Olvidarlos, creo, sería la primera señal de mi propia muerte. P 137
SI las novelas lo contaron es porque algunos vivos lo hicieron antes, a no ser que pasaran a hacerlo después, por seguir la lección. P 146
Quiero creer que si la especie humana viviera el doble o le triple de estos míseros setenta años que la biología aguanta (y setenta años es la voluntad que tengo de vivir y no la media verdadera), los hombres y las mujeres alcanzarían el fin de sus vidas en estado de pura belleza, diversa por la multiplicación de las facciones, de los colores, de las razas, pero una e insuperable. P 151
Una puerta es, al mismo tiempo, una abertura y aquello que la cierra. P 167
Como ve, entre la libertad y la sospecha, entre la sospecha y la prisión, las distancias son pequeñas. P 170
Sólo me faltaba ese rubor de niña. En ese momento la amé. P 177
La perfección existe de paso. No para permanecer. Mucho menos para quedarse. P 179
Me gusta estar contigo. No creo que se puedan decir mejores palabras a alguien, ni se de otras que más apetezca oír. P 182
Subtítulo:
Autor: José Saramago
Editorial: Caminho
Ciudad: Lisboa - 2005
Fecha de Lectura: Octubre 2011
Se sienta bien, sin aquel segundo o tercer acomodo que denuncia el malestar o la timidez. P 10
No hay colores por inventar, juntando dos hago mil, juntando tres un millón, juntando siete el infinito, y si mezclo el infinito, reconquisto el color primordial, para empezar de nuevo. P 16
Ve bien, pintor, cual es la parte más fea de tu cuerpo y concentra en ella tus estudios para corregirte. Porque, si eres brutal, tus figuras lo parecerán también y no tendrán espíritu; y, de este modo, todo cuanto hay en ti de bueno o de malo se transparentará de algún modo en tus figuras. P 22
Por eso estoy tan seguro de esta mi sencilla verdad: el yo de este instante preciso es fundamentalmente diferente del que era un segundo antes, algunas veces lo contrario, pero sin duda, siempre, otro. P 28
Las mujeres que tuve hasta hoy están muertas, y tanto más muertas cuanto más las ame. P 28
Dividido entre la pequeña vanidad de una conquista fácil y la ironía vuelta contra mi al decirme que no había conquistado nada. P 37
La memoria no fija el placer, lo fija como una cualidad, no como un valor. P 40
Creer que la verdad se puede captar desde afuera, con los ojos solo, suponer que existe una verdad aprehensible en un instante, y a partir de ahí tranquilamente inmóvil, como ni siquiera una estatua lo es, pues se contrae y dilata a merced de la temperatura, se corroe por el tiempo y modifica no solo el espacio que la rodea sino también, sutilmente, la composición del suelo en el que se asienta, por las ínfimas partículas de mármol que va soltando de sí, como nosotros cabellos, limaduras de uñas, la saliva y las palabras que decimos. P 51
Quien retrata, a sí mismo se retrata. Por eso, lo importante no es el modelo, sino el pintor, y el retrato solo vale lo que el pintor valga, ni un átomo más. P 52
Por esa razón, quien mucho quiere conservar las amistades, vive sobresaltado con el temor de perderlas y en todo momento se ajusta a ellas como la pupila obedece a la luz que recibe. Pero el esfuerzo que hacen los grupos de amigos para este ajuste (¿Cómo se ajustaría la pupila a luces simultaneas de diferente intensidad, si pudiera separarlas y reaccionar ante ellas una a una?) no puede durar más que la capacidad de cada uno para mantener (hacia arriba o hacia abajo) su propia personalidad en el diapasón común adoptado. Buen acuerdo es, pues, no prolongar demasiado las reuniones para que no se alcance el punto de ruptura en que cada uno de aquellos pequeños astros sienta el deseo irreprimible de formar en otro lugar otra constelación, o de simplemente dejarse caer, cansado en el espacio negro y vacío. P 53
Otras veces he copiado textos como este desde que empecé a escribir, y por diferentes razones, para apoyar un dicho mío, para oponerlo a él o porque no sería capaz de decirlo mejor. P 62
Escribir en primera persona es una facilidad, pero también una amputación. Se dice lo que está ocurriendo en presencia del narrador, se dice lo que él piensa (si es que quiere confesarlo) y lo dice y lo que hace, y lo que dicen y hacen los que están con él, pero no lo que esos piensan, salvo cuando lo dicho coincida con lo pensado, y sobre eso nadie puede tener seguridad. P 76
Lección importante: nada se debe escribir una sola vez. P 87
Insisto en que todo es biografía. Todo es vida vivida, pintada, escrita: el estar viviendo, el estar pintando, el estar escribiendo: el haber vivido, el haber escrito, haber pintado. P 90
Un verbo es un color, un sustantivo un trazo. En el desierto solo la nada es todo. P 91
La realidad es lo intraducible, porque es plástica, dinámica. Y dialéctica también. P 91
Hemos vivido ya mucho los dos, o lo suficiente para que no haya grandes novedades, pero la verdad es que resulta difícil mirar a una persona a la que hemos querido, y decir: “Ahora ya no te quiero”. P 101
Te ruego que no quedemos como enemigos. No tenemos que quedar tampoco como amigos. P 101
Como se atreven los escritores, los poetas a escribir cada uno centenares o millares de páginas, y todos juntos millones y millones, cuando una simple definición diccionarística, o dos, darían, si se piensa bien, para llenar esos centenares o millares o millones y millones de páginas. P 105
Una parte de mi ya duerme, mientras la otra escribe. P 120
Es difícil ser amigo de alguien. Quiero decir: es, sobre todo, difícil saber hasta que punto se es amigo de alguien. P 121
Carmo llegó deshecho a mi casa. Se sentó deshecho. Habló deshecho. Era inevitable: Sandra lo había dejado. P 121
Uno no se siente nunca tan saludable como cuando está junto a un enfermo, nadie se siente más fuerte cuando está con un canijo, nadie tan inteligente como cuando habla con un débil mental. P 122
El arma mejor contra la muerte no es nuestra simple vida, por más única, por muy preciosa que legítimamente nos sea. El arma mejor no es esta vida mía a quien la muerte asusta, es todo cuanto fue vida antes y perduró de ser en ser, hasta hoy. P 135
Me despido de los muertos, pero no para olvidarlos. Olvidarlos, creo, sería la primera señal de mi propia muerte. P 137
SI las novelas lo contaron es porque algunos vivos lo hicieron antes, a no ser que pasaran a hacerlo después, por seguir la lección. P 146
Quiero creer que si la especie humana viviera el doble o le triple de estos míseros setenta años que la biología aguanta (y setenta años es la voluntad que tengo de vivir y no la media verdadera), los hombres y las mujeres alcanzarían el fin de sus vidas en estado de pura belleza, diversa por la multiplicación de las facciones, de los colores, de las razas, pero una e insuperable. P 151
Una puerta es, al mismo tiempo, una abertura y aquello que la cierra. P 167
Como ve, entre la libertad y la sospecha, entre la sospecha y la prisión, las distancias son pequeñas. P 170
Sólo me faltaba ese rubor de niña. En ese momento la amé. P 177
La perfección existe de paso. No para permanecer. Mucho menos para quedarse. P 179
Me gusta estar contigo. No creo que se puedan decir mejores palabras a alguien, ni se de otras que más apetezca oír. P 182

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