Titulo: LA HOJARASCA
Subtitulo:
Autor: GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Editorial: Sudamericana
Ciudad:
Fecha de Lectura: Agosto 2011
Siempre creí que los muertos debían tener sombreros. P 14
La indumentaria de Adelaida habría podido resultar ridícula de no ser por sus manos (eran hermosas, en realidad, y blancas en demasía). P 81
Cuente siete estrellas y soñara conmigo. P 104
Recuerda que nunca te miraba a los ojos. Es el secreto del hombre que ha empezado a sentir miedo de enamorarse. P 105
Parecía un novio aflictivamente arreglado, envuelto en el aura de las lociones baratas; el eterno novio frustrado, el amador crepuscular al que siempre haría falta el ramo de flores para la primera visita. P 110
Por primera vez desde mi nacimiento sentí miedo de que empezara a anochecer. P 125
Estoy pensando que lo único que falta ahora es que empiece a llover. P 126
Lo que sucede es que me desconcierta tanto pensar que Dios existe, como pensar que no existe. P 129
A nadie le gusta más que a usted clavar sus propios clavos. P 131
Ahora no parece un hombre. Ahora parece un cadáver al que todavía no se han muerto los ojos. P 155
Subtitulo:
Autor: GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ
Editorial: Sudamericana
Ciudad:
Fecha de Lectura: Agosto 2011
Siempre creí que los muertos debían tener sombreros. P 14
La indumentaria de Adelaida habría podido resultar ridícula de no ser por sus manos (eran hermosas, en realidad, y blancas en demasía). P 81
Cuente siete estrellas y soñara conmigo. P 104
Recuerda que nunca te miraba a los ojos. Es el secreto del hombre que ha empezado a sentir miedo de enamorarse. P 105
Parecía un novio aflictivamente arreglado, envuelto en el aura de las lociones baratas; el eterno novio frustrado, el amador crepuscular al que siempre haría falta el ramo de flores para la primera visita. P 110
Por primera vez desde mi nacimiento sentí miedo de que empezara a anochecer. P 125
Estoy pensando que lo único que falta ahora es que empiece a llover. P 126
Lo que sucede es que me desconcierta tanto pensar que Dios existe, como pensar que no existe. P 129
A nadie le gusta más que a usted clavar sus propios clavos. P 131
Ahora no parece un hombre. Ahora parece un cadáver al que todavía no se han muerto los ojos. P 155

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