Título: DEMIAN
Subtítulo:
Autor: Hermann Hesse
Editorial: Grupo Editorial - SAYROLS
Ciudad: México - 1984
Fecha de Lectura: 2011
INTRODUCCIÓN
EL hombre es un ensayo único y precioso de la naturaleza. P 11
Cada hombre mientras vive en alguna parte y cumple la voluntad de la naturaleza, es algo maravilloso y digno de toda atención. P 12
Podemos comprendernos unos a otros, pero sólo a sí mismo puede interpretarse cada uno. P 13
CAPITULO III EL MAL LADRÓN
No sé si los padres pueden hacer aquí gran cosa, y nada les reprocho a los míos. Yo debía encontrar mi camino por mí mismo, tarea que me fue tan difícil como a la mayoría de los jóvenes que ha recibido lo que se llama una buena educación. P 68
Veo que piensas más de lo que puedes expresar. Pero también que nunca has vivido por entero lo pensado, y eso no es bueno. Únicamente aquellas ideas que vivimos tienen un valor. P 85
CAPITULO IV BEATRICE
¡Tal era yo en el fondo! ¡Yo, que caminaba por el mundo aislado en mi desprecio! ¡Yo, que sentía el orgullo a la inteligencia y compartía los pensamientos de Demian! Tal era yo: una escoria, una basura, borracho y sucio, repugnante y grosero, una bestia salvaje dominada por asquerosos instintos. ¡Yo, que venía de aquellos jardines en los que todo era pureza, resplandor y suave delicadeza! ¡Yo, que había amado la música de Bach y las bellas poesías! Penetrado de asco y de indignación, oía aún mi propia risa, una risa ebria, desenfrenada, que fluía estúpida a borbotones. ¡Aquello era yo! P 100
Destino y espíritu son nombres de un solo concepto. P 113
La vida del libertino es una de las mejores preparaciones para el misticismo. P 116
También San Agustín comenzó a abandonarse al placer. P 116
Siempre es bueno tener conciencia de que dentro de nosotros hay alguien que lo sabe todo. P 117
CAPITULO V EL PÁJARO ROMPE EL CASCARÓN
El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. EL que quiere nacer tiene que romper el mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El Dios se llama Abraxas. P 124
Dar algo de mí al mundo exterior, entrar en contacto y en lucha con él. P 131
Creo que si la música me gusta tanto es por su carencia de moralidad. Todo lo demás es moral, y yo busco algo que no lo es. Lo moral no me ha procurado nunca nada que no fuera doloroso. P 135
La contemplación de estos productos, el abandono a las formas irracionales, singulares y enrevesadas de la naturaleza, engendra en nosotros un sentimiento de la coincidencia de nutro interior con la voluntad que las hizo nacer y acaban por parecernos creaciones propias, obra de nuestro capricho; vemos temblar y disolverse las fronteras entre nosotros y la naturaleza, y conocemos un nuevo estado de ánimo en el que no sabemos ya si las imágenes reflejadas en nuestra retina proceden de impresiones exteriores o exteriores. P 140
CAPITULO VI LA LUCHA DE JACOB
No se me hacía posible compartir la vida y las alegrías de los muchachos de mi edad, y a veces me reprochaba duramente mi aislamiento y sentía honda tristeza, creyendo hallarme separado ya, sin esperanza, de todos mis semejantes y tener irrevocablemente cerradas ante mí las puertas de la vida. P 145
Cuando odiamos un hombre, odiamos en su imagen algo que llevamos en nosotros mismos. Lo que no está también en nosotros mismos nos deja indiferentes. P 150
Las cosas que vemos son las mismas que hay en nosotros. P 150
Solo observando una absoluta continencia podemos desarrollar nuestras energías interiores. P 154
Somos hombres. Creamos dioses y luchamos contra ellos, y ellos nos bendicen. P 160
Todo hombre, por bondadoso que sea, tiene que vulnerar una o varias veces en su vida las bellas virtudes de la piedad filial y la gratitud. P 163
Todo hombre tenía una “misión”, pero ninguno podía elegir la suya, delimitarla y administrarla a su capricho. P 168
Para un hombre despierto no había más que un deber: buscarse a sí mismo. P 169
El verdadero oficio de cada uno era tan solo llegar hasta sí mismo. Luego podía terminar en poeta o en loco, en profeta o en criminal. P 169
Esta nueva imagen se alzó ya claramente en mí, terrible y sagrada, mil veces vislumbrada, quizá expresada ya alguna vez, pero sólo ahora vivida. P 169
Aquel que solo quiere su destino no tiene ya modelos ni ideales, amores ni consuelos. P 171
No podemos aspirar sino a nosotros mismos, a nuestro propio destino. P 171
CAPITULO VI EVA
Lo que hoy existe no es comunidad: es, simplemente rebaño. Los hombres se unen porque tienen miedo unos de otros, y cada uno se refugia entre los suyos: los señores, en su rebaño; los obreros en el suyo; los intelectuales en otro… ¿Y porque tienen miedo? Se tienen miedo cuando no se está de acuerdo consigo mismo. P 179
Nunca se llega a puerto. Pero cuando dos rutas amigas coinciden, todo el mundo nos parece, pero una hora, el anhelado puerto. P 185
No debe usted entregarse a deseos en los que no cree. Se lo que usted desea. Tiene usted que abandonarlos y desearlos de verdad y por entero. Cuando llegue usted a pedir llevando en si la plena seguridad de lograr su deseo, la demanda y la satisfacción coincidirán en un solo instante. Pero usted desea y se reprocha, temeroso, sus deseos. P 195
El amor no debe pedir ni exigir tampoco. Ha de tener la fuerza de llegar en sí mismo a la certeza, y entonces atrae ya en lugar de ser atraído. P 196
Ella era un mar y yo un río que en el desembocaba. Era una estrella y yo otra que iba hacia ella. P 198
CAPITULO VII EL PRINCIPIO DEL FIN
Cuando alguna vez encuentro la llave y desciendo a mi mismo, allí donde, en un oscuro espejo, dormitan las imágenes del destino, me basta inclinarme sobre su negra superficie acerada para ver en él mi propia imagen, semejante ya en un todo a él, a él, mi amigo y mi guía. P 216
Subtítulo:
Autor: Hermann Hesse
Editorial: Grupo Editorial - SAYROLS
Ciudad: México - 1984
Fecha de Lectura: 2011
INTRODUCCIÓN
EL hombre es un ensayo único y precioso de la naturaleza. P 11
Cada hombre mientras vive en alguna parte y cumple la voluntad de la naturaleza, es algo maravilloso y digno de toda atención. P 12
Podemos comprendernos unos a otros, pero sólo a sí mismo puede interpretarse cada uno. P 13
CAPITULO III EL MAL LADRÓN
No sé si los padres pueden hacer aquí gran cosa, y nada les reprocho a los míos. Yo debía encontrar mi camino por mí mismo, tarea que me fue tan difícil como a la mayoría de los jóvenes que ha recibido lo que se llama una buena educación. P 68
Veo que piensas más de lo que puedes expresar. Pero también que nunca has vivido por entero lo pensado, y eso no es bueno. Únicamente aquellas ideas que vivimos tienen un valor. P 85
CAPITULO IV BEATRICE
¡Tal era yo en el fondo! ¡Yo, que caminaba por el mundo aislado en mi desprecio! ¡Yo, que sentía el orgullo a la inteligencia y compartía los pensamientos de Demian! Tal era yo: una escoria, una basura, borracho y sucio, repugnante y grosero, una bestia salvaje dominada por asquerosos instintos. ¡Yo, que venía de aquellos jardines en los que todo era pureza, resplandor y suave delicadeza! ¡Yo, que había amado la música de Bach y las bellas poesías! Penetrado de asco y de indignación, oía aún mi propia risa, una risa ebria, desenfrenada, que fluía estúpida a borbotones. ¡Aquello era yo! P 100
Destino y espíritu son nombres de un solo concepto. P 113
La vida del libertino es una de las mejores preparaciones para el misticismo. P 116
También San Agustín comenzó a abandonarse al placer. P 116
Siempre es bueno tener conciencia de que dentro de nosotros hay alguien que lo sabe todo. P 117
CAPITULO V EL PÁJARO ROMPE EL CASCARÓN
El pájaro rompe el cascarón. El huevo es el mundo. EL que quiere nacer tiene que romper el mundo. El pájaro vuela hacia Dios. El Dios se llama Abraxas. P 124
Dar algo de mí al mundo exterior, entrar en contacto y en lucha con él. P 131
Creo que si la música me gusta tanto es por su carencia de moralidad. Todo lo demás es moral, y yo busco algo que no lo es. Lo moral no me ha procurado nunca nada que no fuera doloroso. P 135
La contemplación de estos productos, el abandono a las formas irracionales, singulares y enrevesadas de la naturaleza, engendra en nosotros un sentimiento de la coincidencia de nutro interior con la voluntad que las hizo nacer y acaban por parecernos creaciones propias, obra de nuestro capricho; vemos temblar y disolverse las fronteras entre nosotros y la naturaleza, y conocemos un nuevo estado de ánimo en el que no sabemos ya si las imágenes reflejadas en nuestra retina proceden de impresiones exteriores o exteriores. P 140
CAPITULO VI LA LUCHA DE JACOB
No se me hacía posible compartir la vida y las alegrías de los muchachos de mi edad, y a veces me reprochaba duramente mi aislamiento y sentía honda tristeza, creyendo hallarme separado ya, sin esperanza, de todos mis semejantes y tener irrevocablemente cerradas ante mí las puertas de la vida. P 145
Cuando odiamos un hombre, odiamos en su imagen algo que llevamos en nosotros mismos. Lo que no está también en nosotros mismos nos deja indiferentes. P 150
Las cosas que vemos son las mismas que hay en nosotros. P 150
Solo observando una absoluta continencia podemos desarrollar nuestras energías interiores. P 154
Somos hombres. Creamos dioses y luchamos contra ellos, y ellos nos bendicen. P 160
Todo hombre, por bondadoso que sea, tiene que vulnerar una o varias veces en su vida las bellas virtudes de la piedad filial y la gratitud. P 163
Todo hombre tenía una “misión”, pero ninguno podía elegir la suya, delimitarla y administrarla a su capricho. P 168
Para un hombre despierto no había más que un deber: buscarse a sí mismo. P 169
El verdadero oficio de cada uno era tan solo llegar hasta sí mismo. Luego podía terminar en poeta o en loco, en profeta o en criminal. P 169
Esta nueva imagen se alzó ya claramente en mí, terrible y sagrada, mil veces vislumbrada, quizá expresada ya alguna vez, pero sólo ahora vivida. P 169
Aquel que solo quiere su destino no tiene ya modelos ni ideales, amores ni consuelos. P 171
No podemos aspirar sino a nosotros mismos, a nuestro propio destino. P 171
CAPITULO VI EVA
Lo que hoy existe no es comunidad: es, simplemente rebaño. Los hombres se unen porque tienen miedo unos de otros, y cada uno se refugia entre los suyos: los señores, en su rebaño; los obreros en el suyo; los intelectuales en otro… ¿Y porque tienen miedo? Se tienen miedo cuando no se está de acuerdo consigo mismo. P 179
Nunca se llega a puerto. Pero cuando dos rutas amigas coinciden, todo el mundo nos parece, pero una hora, el anhelado puerto. P 185
No debe usted entregarse a deseos en los que no cree. Se lo que usted desea. Tiene usted que abandonarlos y desearlos de verdad y por entero. Cuando llegue usted a pedir llevando en si la plena seguridad de lograr su deseo, la demanda y la satisfacción coincidirán en un solo instante. Pero usted desea y se reprocha, temeroso, sus deseos. P 195
El amor no debe pedir ni exigir tampoco. Ha de tener la fuerza de llegar en sí mismo a la certeza, y entonces atrae ya en lugar de ser atraído. P 196
Ella era un mar y yo un río que en el desembocaba. Era una estrella y yo otra que iba hacia ella. P 198
CAPITULO VII EL PRINCIPIO DEL FIN
Cuando alguna vez encuentro la llave y desciendo a mi mismo, allí donde, en un oscuro espejo, dormitan las imágenes del destino, me basta inclinarme sobre su negra superficie acerada para ver en él mi propia imagen, semejante ya en un todo a él, a él, mi amigo y mi guía. P 216

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