Titulo: LOS DIEZ MANDAMIENTOS EN EL SIGLO XXI
Subtitulo: Tradición y actualidad del legado de Moisés
Autor: Fernando Savater
Editorial: Debolsillo - Sudamericana
Ciudad: Buenos Aires - Argentina
INTRODUCCCION
No faltan estudios serios que ponen en duda la existencia misma de Moisés y de hechos como el éxodo de Egipto. Otros dicen que no existió un Jesús tal como nos llegó hasta nuestros días, sino que se trata de la suma de situaciones creadas por distintos hombres llamados Jesús – era el nombre más común en su época- que fueron fundidas en una sola historia para mejor comprensión del pueblo. Aunque parezca paradójico, la verdad histórica en este caso importa poco porque se trata de la transmisión de la supuesta verdad divina para la humanidad. Lo único importante es lo que construyeron los hombres para ordenas su sociedad con respaldo de alguien que fuera indiscutible: Dios. En definitiva, fue el comienzo de una estrategia que, con relativo éxito, siempre han desarrollado quienes controlan ciertas cuotas de poder en una sociedad: evitar ser rebatidos, ya que hacerlo es ponerse en contra de Dios. P 11.
I. AMARAS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS
Entiendo el amor como el deseo casi desesperado de que alguien perdure, a pesar de sus deficiencias y su vulnerabilidad. P 18.
En el valor de la vida, de la libertad y de la dignidad, y en que el goce de los hombres esta en manos de estos y de nadie más. P 19.
El dios se convirtió en un concepto, en una idea. Dejo de ser cosa, ídolo. Si bien significó una ganancia en universalidad, amplitud y espiritualidad, también fue una perdida en lo que se refiere a la relación de los hombres con lo natural, con el mundo, con lo que podemos celebrar de la vida concreta y material. P 20.
El primer mandamiento es el mandamiento del amor. Primero, negativamente, porque no hay que amarse a uno mismo sobre todas las cosas, y segundo, positivamente, porque hay que amar a los demás. P 22.
Todos los hombres de religión predican palabras hermosas de aceptación a los demás, pero pocas veces sus actos tienen que ver con su prédica. P 23.
Las leyes han sido inventadas por los hombres, responden a designios humanos antiguos, algunos de los cuales nos cuesta hoy entender, y pueden ser modificadas y abolidas por un nuevo acuerdo entre humanos. Sin ir más lejos, los mandamientos originales fueron modificados por los católicos. P 25.
Esto tiene que ver con algo que dijo John Stuart Mill: “La única libertad que merece ese nombre es la de buscar nuestro propio bien, por nuestro camino propio, en tanto no privemos a los demás del suyo o le impidamos esforzarse por conseguirlo. Cada uno es el guardian natural de su salud, sea física, mental o espiritual. La humanidad sale ganando más consintiendo que cada cual viva a su manera antes que obligándose a vivir a la manera de los demás” p 26.
El primer mandamiento, como los otros nueve lleva implícita la amenaza del castigo en caso de que no se cumpla. Yahvé había prometido proteger al pueblo judío, el elegido, pero con la condición de cumplir al pie de la letra el libro de la ley. P 26.
La ética de un hombre libre nada tiene q ver con los castigos, ni por los premios repartidos por la autoridad, sea esta humana o divina. P 27.
Las leyes se modifican al igual que sus interpretaciones, más allá de sus orígenes humanos o divinos. P 29. Hecha la lay hecho la trampa.
Yo no sé si Dios habrá muerto, como dijo Nietzsche, pero es innegable que los ídolos gozan de una excelente salud. P 29.
Hay dos frases a las que se suele recurrir: “No trates a los demás como no quieres que te traten a tí” o en positivo, “haz a los demás lo que quieres que te hagan a tí”. George Bernard tenía un epigrama que sintetiza estas ideas “No hagas a los demás lo que te guste que te hagan a ti, ellos pueden tener gustos diferentes”. P 30.
En 5.500 años de historia, para no ir mas lejos, se han producido 14. 513 guerras que han costado 1.240 millones de vidas y nos han dejado un respiro de no más de 292 años de paz, aunque seguro durante dicho tiempo también debieron de haber guerras menores en curso. P 31.
Educar es seleccionar de todo lo que conocemos aquello que nos parece más relevante e importante para transmitirlo. Por tanto, es lógico para la persona religiosa que sus creencias deban ser transferidas a sus hijos. Pero por otra parte, se debe respetar la posibilidad de que el hijo escuche otras voces, otros puntos de vistas y conocimientos. Entonces es cuando lo padres debemos asumir que nuestros hijos podrían no tener las mismas ideas o creencias que nosotros, lo que para algunos suele ser muy duro. P 35.
II. NO TOMARAS EL NOMBRE DE DIOS EN VANO
Parece que tu nombre se va devaluando, está perdiendo fuerza, aunque te caiga fatal, y eso no está bien para cualquier divinidad que se precie como tal. P 40.
John Locke, en su libro Tratado sobre la tolerancia, obra fundamental para propugnar la tolerancia en Europa, excluía de las normas políticas a los ateos. Admitía en su «Estado ideal» a todas las Iglesias y creencias, pero no a los ateos. ¿Por qué? Sencillo, los ateos no eran fiables cuando juraban, que era algo básico en los procesos civiles de la época. Había que jurar cargos y la aceptación de las leyes ante los tribunales, entre otras cosas; por lo tanto, un ateo no era fiable porque juraba con toda tranquilidad y luego no cumplía o no podía cumplir lo que decía. P 40.
El juramento era el elemento clave, tomado en cuenta por los jueces en sus decisiones y servía también como forma de mantener el orden social. P 42.
Porque en realidad lo que importa es lo que acompaña al juramento, la afirmación que se intenta respaldar y si existe intención de perjudicar a alguien con una mentira. p 43.
Ojalá quiere decir “Alá lo quiera” p 48.
Nadie ofrece tanto como el que no piensa cumplir. P 50.
En efecto, si uno no piensa dar nada, entonces, ¿por qué no prometerlo todo? P 50.
III. SANTIFICARÁS EL DÍA DE SEÑOR
La esclavitud es uno de los males más terribles que ha padecido la humanidad durante siglos. Pero a riesgo de ser considerado un hombre de las cavernas, les aseguro que ser esclavo tenía su lado bueno, y con todo, fue uno de los grandes avances de la civilización. P 59.
Era mucho más útil esclavizar a los sojuzgados que matarlos, con lo que además les daban una posibilidad de supervivencia. P 59.
Poco a poco, a lo largo de los siglos esos trabajadores fueron ganando reconocimiento y dignidad, de tal modo que el trabajo pasó de ser una obligación atroz a ser un derecho exigible y necesario, rodeado de garantías. P 60.
Los especialistas en temas económicos insisten en que esta gente vive en la escasez. Lo que no entienden los economistas es que [los pueblos incivilizados] son millonarios en ocio, uno de los bienes más preciados en estos días. P 61.
Vivimos en una época en la cual el ocio es más cansado que el trabajo. Por ejemplo, la gente siempre vuelve agotada de las vacaciones, y sería conveniente inventar una forma que permita descansar del descanso. P 61.
Aunque parezca un contrasentido, el ocio es hoy un tiempo ligado íntimamente a la producción. Es el momento del gasto. Se trabaja con intensidad para acumular dinero que luego será gastado durante las vacaciones, la segunda residencia de recreo, las diversiones, el entretenimiento, etcétera. P 62.
Una persona inculta se diferencia de una culta porque debe gastar más dinero en sus momentos de ocio, porque no puede generar nada por sí mismo y necesita comprar todo fuera. Pasa como con los países que no tienen producción propia, toda su riqueza se les escapa pagando lo que tienen que traer de fuera.
Una persona culta aprovecha los momentos de descanso para desarrollar lo que lleva dentro. Por supuesto que puede utilizar cosas externas, por ejemplo libros o discos, pero es él quien pone el valor agregado en el ocio. Utiliza sus conocimientos, memoria y sensibilidad para generar algo distinto al trabajo diario. P 62.
«el tercer mandamiento supone que se trabaja para vivir decentemente y sólo manda que no se viva para trabajar exclusivamente. P 62.
En lugar de llegar a la civilización del ocio vivimos en la civilización del paro. Está compuesta por grupos de personas que trabajan mucho, horas y horas, pero sólo para defender sus puestos de trabajo, que no se los quiten. La gente renuncia, incluso, a descansos y se obligan a hacer horas extraordinarias.
Por otro lado, otros millones de personas no tienen acceso al trabajo, viven en el paro, de la asistencia pública en el mejor de los casos, porque en muchos países son sencillamente indigentes que no tienen cómo conseguir ningún tipo de ingreso. P 63.
En esta desproporción del trabajo, unos mueren de infarto por exceso de ocupación, mientras que otros mueren de hambre o de abandono por haber perdido las posibilidades de integrarse laboralmente a la sociedad. P 64.
Creo que uno de los grandes desafíos económicos, sociales y políticos del siglo XXI es alcanzar un justo reparto de la demanda laboral para evitar que se siga profundizando la enorme brecha que hay entre los países donde existe el trabajo y los otros, obligados al ocio forzoso. P 64.
Acá hay tres clases de gente, la que se mata trabajando, la que debería trabajar y la que tendría que matarse. Mario Benedetti P 64.
Pero las máquinas en sí mismas no pueden resolver los problemas sociales, somos los hombres quienes debemos asumir el tema utilizándolas en forma racional. Tal vez una solución fuera disminuir el horario laboral sin reducir los salarios para que pudiese trabajar más gente. O tal vez se podría instituir un modo de tener actividad por períodos, alternándola con años de descanso, relevándonos unos a otros en los empleos. Y me pregunto si no ha llegado la hora de comenzar a pensar en una forma de ganarse la vida que no sea sólo mediante el trabajo. Quizá fuera necesario imponer un salario mínimo y fijo que se cobrase por la simple razón de pertenecer a un grupo social. Es la llamada «renta básica», conocida como «ingreso mínimo universal de ciudadanía». No sería un subsidio de desempleo ni un remedio a la menesterosidad, sino una base económica previa a las tareas laborales e independiente de la situación financiera de cada cual. A partir de este ingreso de subsistencia, cada persona podría organizar sus proyectos de trabajo, sus períodos de ocio o de empleo y las actividades no remuneradas que quisiera desempeñar. P 66.
Pero lo más novedoso sería convertir la actividad remunerada en una opción graduable de acuerdo con las ambiciones de cada persona, y dejar de ser, de ese modo, la tradicional maldición que impuso Yahvé a los hombres que no supieron obedecerle. P 67.
Es muy posible que esto no suene bien a los oídos de los expertos, pero yo no soy un especialista en economía. Alguien que sí lo es —el economista neoliberal Milton Friedman— fue quien ideó el proyecto de instaurar un impuesto negativo sobre la renta. Es decir, que todos paguen impuestos de acuerdo a lo que perciban, pero cuando los ingresos de la persona sean mínimos que ésta cobre en lugar de pagar. P 67.
Marcos Aguinis explica que «el trabajo es una bendición, nos ordena, nos recrea y nos inspira. P 67.
IV. HONRARAS A TU PADRE Y A TU MADRE
Honrar a los padres es básicamente reconocer su autoridad sobre los hijos, reconocer que nuestros padres pueden mandarnos y aceptar nuestra obligación de obedecerlos». P 72.
Emilio Corbiére tiene su visión: «El mundo ha vivido el matriarcado y el patriarcado como formas de dominación. Hay también una cuestión jerárquica. Yo creo que los hijos deben sublevarse contra los padres en algún momento en tanto en cuanto sean solidarios unos con otros. Eso lo explica la moderna pedagogía y el psicoanálisis. P 75.
la obligación de honrar a padre y madre trae aparejado el derecho de tener un padre y una madre a quienes honrar. P 76.
Ser joven se ha convertido en un valor en sí mismo. Hay una tendencia a considerar enfermo todo lo que tiene algunos años de más. Conocemos los valores de la juventud: fuerza, belleza, agilidad, espontaneidad. No se consideran atributos la madurez ni la ancianidad, ni se tiene una valoración positiva de esta etapa de la vida. P 78.
Los padres no son propietarios de los hijos, ni los hijos son sus súbditos o siervos. La base de la relación, parece necesario recordarlo, es el amor que genera mutua comprensión, mutuo respeto, tolerancia y adaptación. » p 78.
Como contrapartida De Sebastián indica que «después de la hora de la convivencia llega la hora del agradecimiento y de la retribución. Las determinaciones biológicas se invierten. Los hijos son más fuertes y los padres los débiles... ». p 79.
Poco a poco la publicidad se vio invadida por la presencia de los jóvenes y la venta de cosas que refuerzan aún más esta etapa de la vida: productos de belleza, ropa, bebidas, automóviles, etcétera. ¿Por qué este cambio? Porque cada vez con menos edad las personas tienen capacidad de gastar mucho, antes que otras generaciones. P 79.
Los jóvenes conforman un mercado más abierto, prometedor y duradero, un mercado con más futuro y también más ingenuo. Hay pocos anuncios en los que aparezca gente mayor. Incluso cuando se ven, están maquillados y transformados en jóvenes postizos. P 79.
Voltaire daba el consejo contrario. Decía que, si uno no tiene las virtudes de su edad, seguro que tendrá siempre todos los vicios. P 80.
V. NO MATARAS
Le preguntaron al obispo cómo había que hacer para reconocer quiénes eran herejes y quiénes no antes de ejecutarlos, entonces tu representante en la tierra recomendó matarlos a todos, ya que Dios reconocería a los suyos. P 87.
«no causarás por acción u omisión la muerte de otros». P 90.
Existe una justificación religiosa del no matarás a partir de la orden divina. Pero recordemos a otro personaje de Dostoievski, aquel de Los hermanos Karamázov que decía: «Si Dios no existe, todo está permitido». Los que no somos religiosos pensamos de otra manera: «Pese a que Dios no existe, hay muchas cosas que no pueden estar permitidas». P 92.
De modo que hay una visión religiosa: «No matemos porque Dios no quiere que matemos», a pesar de que él —insisto— nos mata a todos, algo que no debemos olvidar. P 92.
El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar. José Ortega y Gasset. P 93.
El quinto mandamiento convierte el matar en un acto escandaloso por excelencia, la muerte en algo antinatural. Sin embargo, todos sabemos que la muerte es lo más natural que existe, lo menos escandaloso y lo más absolutamente trivial. El mismo dios que prohíbe que los hombres se asesinen unos a otros es el que ha establecido que la muerte es el precepto universal que prolonga la vida: morimos para que los demás puedan vivir. P 93.
Un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo. Mario Benedetti p 96.
En definitiva, el trato degradante es llevar a la persona humana hasta un límite mismo que roce la muerte. P 98.
No tiene sentido mantener la vida cuando ésta en realidad no existe. P 102.
El quinto mandamiento —no matarás— es una ley de extremos, porque cubre las puntas, los cabos de la vida. P 103.
VI. NO COMETERÁS ADULTERIO
Hay una observación que hace Woody Allen que te interesará: «El sexo con amor es lo mejor de todo, pero el sexo sin amor es lo segundo mejor inmediatamente después de eso». P 107
La moralidad sexual estaba ligada a esa estructura de familia y de la propiedad, hasta tal punto que entre los romanos, por ejemplo, los únicos que tenían estrictos tabúes sexuales eran los pater familias o las matronas, aquellos que poseían cosas, mientras que los esclavos no tenían moralidad sexual, es decir, nadie les hacía reproches por ser promiscuos o incestuosos.
Cuando algunos de los esclavos eran liberados por sus señores, pasaban a llamarse libertos. Sus dueños los manumitían, es decir, les daban la libertad. Al entrar en el mundo de las personas libres, conservaban las costumbres de la esclavitud, conductas más abiertas y menos escrupulosas que las de aquellos con familias establecidas. De allí viene la expresión libertinaje, que era el comportamiento que tenían estos libertos, que ya no eran esclavos y que, aunque su conducta podía ser censurable, no tenían todavía los hábitos de disciplina y contención de la otra parte de la sociedad. Por lo tanto, este mandamiento de no fornicar tiene por una parte una profunda base económica, y en segundo término puede relacionarse con el deseo, con lo romántico o lo erótico. De este modo, se trataban de evitar conflictos y enfrentamientos entre herederos. P 109.
Las nuevas parejas no van a estar conformadas por el género, sino por el afecto. Hombre con mujer, hombre con hombre, mujer con mujer. El swinger defiende la institución familiar, la pareja hombre-mujer, pero renunciamos al concepto monógamo: "Vos y yo toda la vida"». P 110.
Fornicar quiere decir entregarse al deseo sexual fuera de los cauces y de las normas que la sociedad ha establecido. Es hacer lo mismo pero fuera del momento, la persona, el lugar y el orden que la sociedad ha impuesto para realizar ese acto. P 111.
San Pablo dice en la primera carta a los Corintios: «En cuanto a la virginidad, no tengo ningún precepto del Señor, pero les doy un consejo, lo mejor para el hombre es no casarse. Si tienes mujer no la abandones, si no tienes mujer, no la busques. Si te casas, no pecas, pero los que lo hagan sufrirán grandes problemas que yo quisiera evitarles».También dijo: «Quiero qué sepan que Cristo es la cabeza del hombre, y el hombre es la cabeza de la mujer, así como la cabeza de Cristo es Dios»... por tal motivo «la mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra al que es su cabeza. Es como si se hubiera rapado. Si una mujer no se cubre la cabeza con el velo, entonces que se la rape. El hombre no debe cubrirse la cabeza porque él es imagen y reflejo de Dios, mientras que la mujer es reflejo del hombre. En efecto, no es el hombre el que procede de la mujer, sino la mujer del hombre». P 115.
Por lo tanto, puede existir una disociación entre el afecto a largo plazo —el que ayuda a convivir, a compartir trabajos, preocupaciones, intereses y a cuidar de una familia— con el puntual interés sexual que es algo mucho más lúdico, relacionado con la satisfacción de los sentidos y que no tiene por qué tener mayor trascendencia. Es decir, hay personas con las que queremos vivir y hay otras con las que deseamos hacer el amor, y hay veces en las que queremos hacer el amor con aquellas personas con las que también nos gusta vivir. P 117
Efervescencia hormonal. P 118
Los puritanos, o sea los supersticiosos, intentaron en su momento convertir el sida en una especie de maldición divina, en una nueva plaga. En realidad se transformó en algo que atacó las libertades y la flexibilidad de costumbres, e introdujo una serie de controles obligatorios, no por razones morales, sino por meras cuestiones higiénicas. Considero que el noventa por ciento de las restricciones sensatas —no supersticiosas— que están relacionadas con el sexo son mucho más deudoras de la higiene que de la moral, que en realidad se ocupa poco de cintura para abajo de las personas. P 118.
La fidelidad quizá sea una virtud, aunque me parece que en general es planteada como una virtud triste. En primer lugar, porque se la reduce al plano casi fisiológico. En este sentido hay que recordar la definición del matrimonio que hacía Kant cuando decía que era un contrato de usufructo, en exclusiva, para el mutuo uso de los órganos sexuales de dos personas. Ya ven ustedes qué romántico y bonito suena. No es raro que con esa idea Kant no se casara nunca en su vida. P 119
La fidelidad es tener fe, ser fiel a alguien, pero en un sentido más amplio: tener fidelidad a su afecto, a sus gustos, hacer las cosas por cariño, por interés de verla vivir mejor, pero no exclusivamente en el terreno sexual. P 119
VII. NO ROBARAS
Cuando nos referimos al robo, en general hablamos de la depredación, de privar a personas de forma injusta de cosas que tienen derecho a disfrutar. En cambio, dudamos en utilizar la expresión robo cuando se trata de una acción efectuada por una necesidad. ¿Quién, al ver morir a un hijo de hambre o que necesita de forma desesperada una medicina, no cometería un latrocinio si no tuviera otra forma de obtener el dinero para resolver el problema? Sobre todo si se roba a una persona o a una institución adinerada. P 128
Todo lo que se come sin necesidad, se roba al estómago de los pobres. Mahatma Gandhi p 128
Martín Caparrós cree que el saqueo «es un momento en el que la gente se siente extremadamente libre; puede por fin acceder a aquello que no posee, porque carece del dinero que le permitiría conseguirlo. En ese instante se quiebra el orden capitalista y las personas son libres de conseguir aquello que necesitan porque dejan de lado la intermediación del dinero». P 129.
El robo está asociado siempre a la idea del poder. P 131.
Creo que el tema de los derechos de autor, relacionado con internet y con las nuevas formas de reproducción tecnológica, va a cambiar en buena medida nuestro concepto del plagio, del robo intelectual. ¿Hasta qué punto vamos a poder seguir llamando robo a este comportamiento que quizá termine por convertirse en algo habitual? Cuando empezó a popularizarse la fotocopiadora ocurrió algo similar. Hoy la fotocopia de libros es normal, y nadie se siente culpable ni ladrón por haber fotocopiado el libro de un amigo para poder disfrutarlo, en lugar de comprarlo en un comercio. P 135.
VIII. NO LEVANTARAS FALSOS TESTIMONIOS NI MENTIRAS
Ya sabes lo que dijo Goethe, que tú nos concediste la palabra para que pudiéramos ocultar mejor nuestros pensamientos. P 139
Se afirma que uno domina sus silencios y no sus palabras. Es probable que sea así, que seamos más dueños de lo que callamos que de lo que decimos. P 139
Supongo que hay un tipo de mentiras que nosotros exigimos a los demás: las de cortesía, las del arte, las de la ficción, y en ocasiones hasta pedimos que se nos oculten realidades desagradables que no podemos cambiar. P 141
Muchos de nosotros actuamos como aquella señorita Luz, personaje de la obra teatral Mi Fausto, de Paul Valéry, cuando le pregunta a Fausto: «¿Quiere usted que le diga la verdad?». A lo que Fausto responde: «Dígame usted la mentira que considere más digna de ser verdad». P 142.
La verdad pareciera que es propia de personas más duras, que están en condiciones de soportar esa herida que produce enterarse de algo malo, pero que sabiéndolo están en posición de lograr superarlo». P 143.
Tal vez he mentido a bastantes mujeres. Pero no lo hacía cuando les decía que las quería, sino cuando afirmaba que no quería a nadie más. P 144
Lo que me preocupa no es que hayas mentido, sino que de ahora en adelante ya no podré creer en ti. Friedrich Nietzsche p 145
La publicidad es una fábrica de sueños, de inventos maravillosos, que nosotros creamos en nuestro interior y que ella materializa en el exterior. P 148
Uno también miente cuando no dice algo que es verdadero y cuya omisión hace que cambie el sentido de las cosas. P 148
IX. NO DESEARAS A LA MUJER DEL PRÓJIMO
Por otra parte, te diré que prohibir desear a la mujer es algo incompleto. A riesgo de escandalizarte, te diré que la mujer tiene el mismo derecho de desear al hombre de la prójima. También hay quienes no desean a la mujer del prójimo porque desean al prójimo. P 153.
Las relaciones de pareja ya no son las mismas. Ninguna mujer acepta ser de nadie. Tal vez lo único que hay que agradecerle a tu mandamiento es que a lo largo de los siglos, nada ha hecho tan deseable a las mujeres como que se supusiera que eran de alguien. Es igual que la hierba del campo vecino que creemos más verde: la mujer del prójimo siempre parece especialmente encantadora, porque es inaccesible o se nos niega. P 153
Casi siempre los celos se relacionan con la envidia. Pero la diferencia básica es que se siente envidia de lo que uno no tiene y celos de lo que uno tiene. P 156
En todos los afectos hay un elemento posesivo y de amor propio. Decía muy bien el moralista francés Francois La Rochefoucauld que todas las penas de amor son penas de amor propio, y que muchas veces, cuando estamos clamando por nuestro amor perdido, lo que estamos es protestando por nuestro amor propio ultrajado. P 158
Por eso se dice que cuando un hombre tiene fama de gran conquistador, es porque esa idea que tiene la gente de él le ayuda a conquistar. P 159
En definitiva, los seres humanos deseamos lo que vemos desear a otros. Si todo el mundo desea a esta mujer, algo tendrá para ser tan deseada. Si todo el mundo corre detrás de este hombre, será porque tiene algo extraordinario. Por lo tanto, hay un elemento de triangulación del deseo. P 159
Estamos, en el fondo, frente al sueño de la posesión perfecta. La manera de poseer algo es hacerse uno con ello de manera definitiva. Pero en lugar de ser una ampliación del amor se trata de una disminución ya que lo bonito y lo meritorio es que se amen dos personas distintas, no que se conviertan en una. Eso deja de ser amor y se convierte en egoísmo ya que uno se está amando a sí mismo. Lo difícil es prodigar el amor a otro, respetando su integridad y su carácter. Por eso hay que tener en cuenta el poema de Mario Benedetti cuando dice que tú y yo somos mucho más que dos. Está bien ser más que dos, pero no menos, siempre hay que mantenerse como dos. P 160
X. NO CODICIARAS LOS BIENES AJENOS
Los mayores fraudes no los cometen quienes quieren hacerse ricos, sino quienes quieren hacerse más ricos. P 165
La envidia es el más sociable de los vicios p 166
Para el rabino Isaac Sacca, «este mandamiento en cierta medida desencadena los anteriores. El que envidia roba, el que envidia levanta falso testimonio, el que envidia mata, el que envidia comete adulterio. La envidia es la raíz de los grandes males de la sociedad. P 166
Hoy en día ser envidiado es un valor, una forma de prestigio, porque, en definitiva, quien nos envidia nos ofrece un relativo homenaje. Uno se siente halagado pues se siente elevado a una posición superior al que lo envidia. Por lo tanto, y aunque parezca un juego de palabras, no sólo envidiamos una serie de cosas, sino también la condición de envidiados. P 168
la mayoría de las cosas destinadas a ser disfrutadas exigen que haya otras personas que no las tengan, que sean exclusivas de quien las disfruta. P 168
Según Martín Caparrós, «se supone que uno debe codiciar los bienes ajenos para poder progresar. Se supone que la forma de progresar consiste en conseguir una serie de bienes, y si uno los tiene que ir a conseguir es porque no son suyos. Entonces, si se tomara al pie de la letra este mandamiento, tendríamos que volver a una especie de comunidad primitiva, en la que nada es de nadie y todos los bienes están ahí. P 170
Donde exista una comunidad de bienes no puede haber codicia, puesto que ningún bien es ajeno. Codiciar las cosas del otro es característico de las sociedades donde existe la propiedad privada. P 171
No hay que olvidar que aquello que tenemos también nos posee a nosotros. P 172
Marcos Aguinis define con precisión la codicia: «Es una condena para el que la sufre —afirma—, porque lo convierte en un ser mitológico que termina por morirse de hambre, debido a que todo lo que toca es oro. Es decir, es un individuo que jamás puede satisfacerse, que jamás llega a estar feliz, porque todo lo que consigue lo lleva a desear conseguir más. Entonces es una carrera loca, es una rueda que gira en el espacio que nunca llega a ninguna parte». P 172
el que más tiene más codicia, el que más tiene más le falta. P 172
LOS HOMBRES NECESITAN UN DIOS TERRIBLE
Ninguna de las leyes de Dios es arbitraria pues entre ellas sé encuentran conceptos morales universales. P 178
«Temeos los unos a los otros y aceptad las leyes». P 179
Subtitulo: Tradición y actualidad del legado de Moisés
Autor: Fernando Savater
Editorial: Debolsillo - Sudamericana
Ciudad: Buenos Aires - Argentina
INTRODUCCCION
No faltan estudios serios que ponen en duda la existencia misma de Moisés y de hechos como el éxodo de Egipto. Otros dicen que no existió un Jesús tal como nos llegó hasta nuestros días, sino que se trata de la suma de situaciones creadas por distintos hombres llamados Jesús – era el nombre más común en su época- que fueron fundidas en una sola historia para mejor comprensión del pueblo. Aunque parezca paradójico, la verdad histórica en este caso importa poco porque se trata de la transmisión de la supuesta verdad divina para la humanidad. Lo único importante es lo que construyeron los hombres para ordenas su sociedad con respaldo de alguien que fuera indiscutible: Dios. En definitiva, fue el comienzo de una estrategia que, con relativo éxito, siempre han desarrollado quienes controlan ciertas cuotas de poder en una sociedad: evitar ser rebatidos, ya que hacerlo es ponerse en contra de Dios. P 11.
I. AMARAS A DIOS SOBRE TODAS LAS COSAS
Entiendo el amor como el deseo casi desesperado de que alguien perdure, a pesar de sus deficiencias y su vulnerabilidad. P 18.
En el valor de la vida, de la libertad y de la dignidad, y en que el goce de los hombres esta en manos de estos y de nadie más. P 19.
El dios se convirtió en un concepto, en una idea. Dejo de ser cosa, ídolo. Si bien significó una ganancia en universalidad, amplitud y espiritualidad, también fue una perdida en lo que se refiere a la relación de los hombres con lo natural, con el mundo, con lo que podemos celebrar de la vida concreta y material. P 20.
El primer mandamiento es el mandamiento del amor. Primero, negativamente, porque no hay que amarse a uno mismo sobre todas las cosas, y segundo, positivamente, porque hay que amar a los demás. P 22.
Todos los hombres de religión predican palabras hermosas de aceptación a los demás, pero pocas veces sus actos tienen que ver con su prédica. P 23.
Las leyes han sido inventadas por los hombres, responden a designios humanos antiguos, algunos de los cuales nos cuesta hoy entender, y pueden ser modificadas y abolidas por un nuevo acuerdo entre humanos. Sin ir más lejos, los mandamientos originales fueron modificados por los católicos. P 25.
Esto tiene que ver con algo que dijo John Stuart Mill: “La única libertad que merece ese nombre es la de buscar nuestro propio bien, por nuestro camino propio, en tanto no privemos a los demás del suyo o le impidamos esforzarse por conseguirlo. Cada uno es el guardian natural de su salud, sea física, mental o espiritual. La humanidad sale ganando más consintiendo que cada cual viva a su manera antes que obligándose a vivir a la manera de los demás” p 26.
El primer mandamiento, como los otros nueve lleva implícita la amenaza del castigo en caso de que no se cumpla. Yahvé había prometido proteger al pueblo judío, el elegido, pero con la condición de cumplir al pie de la letra el libro de la ley. P 26.
La ética de un hombre libre nada tiene q ver con los castigos, ni por los premios repartidos por la autoridad, sea esta humana o divina. P 27.
Las leyes se modifican al igual que sus interpretaciones, más allá de sus orígenes humanos o divinos. P 29. Hecha la lay hecho la trampa.
Yo no sé si Dios habrá muerto, como dijo Nietzsche, pero es innegable que los ídolos gozan de una excelente salud. P 29.
Hay dos frases a las que se suele recurrir: “No trates a los demás como no quieres que te traten a tí” o en positivo, “haz a los demás lo que quieres que te hagan a tí”. George Bernard tenía un epigrama que sintetiza estas ideas “No hagas a los demás lo que te guste que te hagan a ti, ellos pueden tener gustos diferentes”. P 30.
En 5.500 años de historia, para no ir mas lejos, se han producido 14. 513 guerras que han costado 1.240 millones de vidas y nos han dejado un respiro de no más de 292 años de paz, aunque seguro durante dicho tiempo también debieron de haber guerras menores en curso. P 31.
Educar es seleccionar de todo lo que conocemos aquello que nos parece más relevante e importante para transmitirlo. Por tanto, es lógico para la persona religiosa que sus creencias deban ser transferidas a sus hijos. Pero por otra parte, se debe respetar la posibilidad de que el hijo escuche otras voces, otros puntos de vistas y conocimientos. Entonces es cuando lo padres debemos asumir que nuestros hijos podrían no tener las mismas ideas o creencias que nosotros, lo que para algunos suele ser muy duro. P 35.
II. NO TOMARAS EL NOMBRE DE DIOS EN VANO
Parece que tu nombre se va devaluando, está perdiendo fuerza, aunque te caiga fatal, y eso no está bien para cualquier divinidad que se precie como tal. P 40.
John Locke, en su libro Tratado sobre la tolerancia, obra fundamental para propugnar la tolerancia en Europa, excluía de las normas políticas a los ateos. Admitía en su «Estado ideal» a todas las Iglesias y creencias, pero no a los ateos. ¿Por qué? Sencillo, los ateos no eran fiables cuando juraban, que era algo básico en los procesos civiles de la época. Había que jurar cargos y la aceptación de las leyes ante los tribunales, entre otras cosas; por lo tanto, un ateo no era fiable porque juraba con toda tranquilidad y luego no cumplía o no podía cumplir lo que decía. P 40.
El juramento era el elemento clave, tomado en cuenta por los jueces en sus decisiones y servía también como forma de mantener el orden social. P 42.
Porque en realidad lo que importa es lo que acompaña al juramento, la afirmación que se intenta respaldar y si existe intención de perjudicar a alguien con una mentira. p 43.
Ojalá quiere decir “Alá lo quiera” p 48.
Nadie ofrece tanto como el que no piensa cumplir. P 50.
En efecto, si uno no piensa dar nada, entonces, ¿por qué no prometerlo todo? P 50.
III. SANTIFICARÁS EL DÍA DE SEÑOR
La esclavitud es uno de los males más terribles que ha padecido la humanidad durante siglos. Pero a riesgo de ser considerado un hombre de las cavernas, les aseguro que ser esclavo tenía su lado bueno, y con todo, fue uno de los grandes avances de la civilización. P 59.
Era mucho más útil esclavizar a los sojuzgados que matarlos, con lo que además les daban una posibilidad de supervivencia. P 59.
Poco a poco, a lo largo de los siglos esos trabajadores fueron ganando reconocimiento y dignidad, de tal modo que el trabajo pasó de ser una obligación atroz a ser un derecho exigible y necesario, rodeado de garantías. P 60.
Los especialistas en temas económicos insisten en que esta gente vive en la escasez. Lo que no entienden los economistas es que [los pueblos incivilizados] son millonarios en ocio, uno de los bienes más preciados en estos días. P 61.
Vivimos en una época en la cual el ocio es más cansado que el trabajo. Por ejemplo, la gente siempre vuelve agotada de las vacaciones, y sería conveniente inventar una forma que permita descansar del descanso. P 61.
Aunque parezca un contrasentido, el ocio es hoy un tiempo ligado íntimamente a la producción. Es el momento del gasto. Se trabaja con intensidad para acumular dinero que luego será gastado durante las vacaciones, la segunda residencia de recreo, las diversiones, el entretenimiento, etcétera. P 62.
Una persona inculta se diferencia de una culta porque debe gastar más dinero en sus momentos de ocio, porque no puede generar nada por sí mismo y necesita comprar todo fuera. Pasa como con los países que no tienen producción propia, toda su riqueza se les escapa pagando lo que tienen que traer de fuera.
Una persona culta aprovecha los momentos de descanso para desarrollar lo que lleva dentro. Por supuesto que puede utilizar cosas externas, por ejemplo libros o discos, pero es él quien pone el valor agregado en el ocio. Utiliza sus conocimientos, memoria y sensibilidad para generar algo distinto al trabajo diario. P 62.
«el tercer mandamiento supone que se trabaja para vivir decentemente y sólo manda que no se viva para trabajar exclusivamente. P 62.
En lugar de llegar a la civilización del ocio vivimos en la civilización del paro. Está compuesta por grupos de personas que trabajan mucho, horas y horas, pero sólo para defender sus puestos de trabajo, que no se los quiten. La gente renuncia, incluso, a descansos y se obligan a hacer horas extraordinarias.
Por otro lado, otros millones de personas no tienen acceso al trabajo, viven en el paro, de la asistencia pública en el mejor de los casos, porque en muchos países son sencillamente indigentes que no tienen cómo conseguir ningún tipo de ingreso. P 63.
En esta desproporción del trabajo, unos mueren de infarto por exceso de ocupación, mientras que otros mueren de hambre o de abandono por haber perdido las posibilidades de integrarse laboralmente a la sociedad. P 64.
Creo que uno de los grandes desafíos económicos, sociales y políticos del siglo XXI es alcanzar un justo reparto de la demanda laboral para evitar que se siga profundizando la enorme brecha que hay entre los países donde existe el trabajo y los otros, obligados al ocio forzoso. P 64.
Acá hay tres clases de gente, la que se mata trabajando, la que debería trabajar y la que tendría que matarse. Mario Benedetti P 64.
Pero las máquinas en sí mismas no pueden resolver los problemas sociales, somos los hombres quienes debemos asumir el tema utilizándolas en forma racional. Tal vez una solución fuera disminuir el horario laboral sin reducir los salarios para que pudiese trabajar más gente. O tal vez se podría instituir un modo de tener actividad por períodos, alternándola con años de descanso, relevándonos unos a otros en los empleos. Y me pregunto si no ha llegado la hora de comenzar a pensar en una forma de ganarse la vida que no sea sólo mediante el trabajo. Quizá fuera necesario imponer un salario mínimo y fijo que se cobrase por la simple razón de pertenecer a un grupo social. Es la llamada «renta básica», conocida como «ingreso mínimo universal de ciudadanía». No sería un subsidio de desempleo ni un remedio a la menesterosidad, sino una base económica previa a las tareas laborales e independiente de la situación financiera de cada cual. A partir de este ingreso de subsistencia, cada persona podría organizar sus proyectos de trabajo, sus períodos de ocio o de empleo y las actividades no remuneradas que quisiera desempeñar. P 66.
Pero lo más novedoso sería convertir la actividad remunerada en una opción graduable de acuerdo con las ambiciones de cada persona, y dejar de ser, de ese modo, la tradicional maldición que impuso Yahvé a los hombres que no supieron obedecerle. P 67.
Es muy posible que esto no suene bien a los oídos de los expertos, pero yo no soy un especialista en economía. Alguien que sí lo es —el economista neoliberal Milton Friedman— fue quien ideó el proyecto de instaurar un impuesto negativo sobre la renta. Es decir, que todos paguen impuestos de acuerdo a lo que perciban, pero cuando los ingresos de la persona sean mínimos que ésta cobre en lugar de pagar. P 67.
Marcos Aguinis explica que «el trabajo es una bendición, nos ordena, nos recrea y nos inspira. P 67.
IV. HONRARAS A TU PADRE Y A TU MADRE
Honrar a los padres es básicamente reconocer su autoridad sobre los hijos, reconocer que nuestros padres pueden mandarnos y aceptar nuestra obligación de obedecerlos». P 72.
Emilio Corbiére tiene su visión: «El mundo ha vivido el matriarcado y el patriarcado como formas de dominación. Hay también una cuestión jerárquica. Yo creo que los hijos deben sublevarse contra los padres en algún momento en tanto en cuanto sean solidarios unos con otros. Eso lo explica la moderna pedagogía y el psicoanálisis. P 75.
la obligación de honrar a padre y madre trae aparejado el derecho de tener un padre y una madre a quienes honrar. P 76.
Ser joven se ha convertido en un valor en sí mismo. Hay una tendencia a considerar enfermo todo lo que tiene algunos años de más. Conocemos los valores de la juventud: fuerza, belleza, agilidad, espontaneidad. No se consideran atributos la madurez ni la ancianidad, ni se tiene una valoración positiva de esta etapa de la vida. P 78.
Los padres no son propietarios de los hijos, ni los hijos son sus súbditos o siervos. La base de la relación, parece necesario recordarlo, es el amor que genera mutua comprensión, mutuo respeto, tolerancia y adaptación. » p 78.
Como contrapartida De Sebastián indica que «después de la hora de la convivencia llega la hora del agradecimiento y de la retribución. Las determinaciones biológicas se invierten. Los hijos son más fuertes y los padres los débiles... ». p 79.
Poco a poco la publicidad se vio invadida por la presencia de los jóvenes y la venta de cosas que refuerzan aún más esta etapa de la vida: productos de belleza, ropa, bebidas, automóviles, etcétera. ¿Por qué este cambio? Porque cada vez con menos edad las personas tienen capacidad de gastar mucho, antes que otras generaciones. P 79.
Los jóvenes conforman un mercado más abierto, prometedor y duradero, un mercado con más futuro y también más ingenuo. Hay pocos anuncios en los que aparezca gente mayor. Incluso cuando se ven, están maquillados y transformados en jóvenes postizos. P 79.
Voltaire daba el consejo contrario. Decía que, si uno no tiene las virtudes de su edad, seguro que tendrá siempre todos los vicios. P 80.
V. NO MATARAS
Le preguntaron al obispo cómo había que hacer para reconocer quiénes eran herejes y quiénes no antes de ejecutarlos, entonces tu representante en la tierra recomendó matarlos a todos, ya que Dios reconocería a los suyos. P 87.
«no causarás por acción u omisión la muerte de otros». P 90.
Existe una justificación religiosa del no matarás a partir de la orden divina. Pero recordemos a otro personaje de Dostoievski, aquel de Los hermanos Karamázov que decía: «Si Dios no existe, todo está permitido». Los que no somos religiosos pensamos de otra manera: «Pese a que Dios no existe, hay muchas cosas que no pueden estar permitidas». P 92.
De modo que hay una visión religiosa: «No matemos porque Dios no quiere que matemos», a pesar de que él —insisto— nos mata a todos, algo que no debemos olvidar. P 92.
El mayor crimen está ahora, no en los que matan, sino en los que no matan pero dejan matar. José Ortega y Gasset. P 93.
El quinto mandamiento convierte el matar en un acto escandaloso por excelencia, la muerte en algo antinatural. Sin embargo, todos sabemos que la muerte es lo más natural que existe, lo menos escandaloso y lo más absolutamente trivial. El mismo dios que prohíbe que los hombres se asesinen unos a otros es el que ha establecido que la muerte es el precepto universal que prolonga la vida: morimos para que los demás puedan vivir. P 93.
Un torturador no se redime suicidándose, pero algo es algo. Mario Benedetti p 96.
En definitiva, el trato degradante es llevar a la persona humana hasta un límite mismo que roce la muerte. P 98.
No tiene sentido mantener la vida cuando ésta en realidad no existe. P 102.
El quinto mandamiento —no matarás— es una ley de extremos, porque cubre las puntas, los cabos de la vida. P 103.
VI. NO COMETERÁS ADULTERIO
Hay una observación que hace Woody Allen que te interesará: «El sexo con amor es lo mejor de todo, pero el sexo sin amor es lo segundo mejor inmediatamente después de eso». P 107
La moralidad sexual estaba ligada a esa estructura de familia y de la propiedad, hasta tal punto que entre los romanos, por ejemplo, los únicos que tenían estrictos tabúes sexuales eran los pater familias o las matronas, aquellos que poseían cosas, mientras que los esclavos no tenían moralidad sexual, es decir, nadie les hacía reproches por ser promiscuos o incestuosos.
Cuando algunos de los esclavos eran liberados por sus señores, pasaban a llamarse libertos. Sus dueños los manumitían, es decir, les daban la libertad. Al entrar en el mundo de las personas libres, conservaban las costumbres de la esclavitud, conductas más abiertas y menos escrupulosas que las de aquellos con familias establecidas. De allí viene la expresión libertinaje, que era el comportamiento que tenían estos libertos, que ya no eran esclavos y que, aunque su conducta podía ser censurable, no tenían todavía los hábitos de disciplina y contención de la otra parte de la sociedad. Por lo tanto, este mandamiento de no fornicar tiene por una parte una profunda base económica, y en segundo término puede relacionarse con el deseo, con lo romántico o lo erótico. De este modo, se trataban de evitar conflictos y enfrentamientos entre herederos. P 109.
Las nuevas parejas no van a estar conformadas por el género, sino por el afecto. Hombre con mujer, hombre con hombre, mujer con mujer. El swinger defiende la institución familiar, la pareja hombre-mujer, pero renunciamos al concepto monógamo: "Vos y yo toda la vida"». P 110.
Fornicar quiere decir entregarse al deseo sexual fuera de los cauces y de las normas que la sociedad ha establecido. Es hacer lo mismo pero fuera del momento, la persona, el lugar y el orden que la sociedad ha impuesto para realizar ese acto. P 111.
San Pablo dice en la primera carta a los Corintios: «En cuanto a la virginidad, no tengo ningún precepto del Señor, pero les doy un consejo, lo mejor para el hombre es no casarse. Si tienes mujer no la abandones, si no tienes mujer, no la busques. Si te casas, no pecas, pero los que lo hagan sufrirán grandes problemas que yo quisiera evitarles».También dijo: «Quiero qué sepan que Cristo es la cabeza del hombre, y el hombre es la cabeza de la mujer, así como la cabeza de Cristo es Dios»... por tal motivo «la mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta deshonra al que es su cabeza. Es como si se hubiera rapado. Si una mujer no se cubre la cabeza con el velo, entonces que se la rape. El hombre no debe cubrirse la cabeza porque él es imagen y reflejo de Dios, mientras que la mujer es reflejo del hombre. En efecto, no es el hombre el que procede de la mujer, sino la mujer del hombre». P 115.
Por lo tanto, puede existir una disociación entre el afecto a largo plazo —el que ayuda a convivir, a compartir trabajos, preocupaciones, intereses y a cuidar de una familia— con el puntual interés sexual que es algo mucho más lúdico, relacionado con la satisfacción de los sentidos y que no tiene por qué tener mayor trascendencia. Es decir, hay personas con las que queremos vivir y hay otras con las que deseamos hacer el amor, y hay veces en las que queremos hacer el amor con aquellas personas con las que también nos gusta vivir. P 117
Efervescencia hormonal. P 118
Los puritanos, o sea los supersticiosos, intentaron en su momento convertir el sida en una especie de maldición divina, en una nueva plaga. En realidad se transformó en algo que atacó las libertades y la flexibilidad de costumbres, e introdujo una serie de controles obligatorios, no por razones morales, sino por meras cuestiones higiénicas. Considero que el noventa por ciento de las restricciones sensatas —no supersticiosas— que están relacionadas con el sexo son mucho más deudoras de la higiene que de la moral, que en realidad se ocupa poco de cintura para abajo de las personas. P 118.
La fidelidad quizá sea una virtud, aunque me parece que en general es planteada como una virtud triste. En primer lugar, porque se la reduce al plano casi fisiológico. En este sentido hay que recordar la definición del matrimonio que hacía Kant cuando decía que era un contrato de usufructo, en exclusiva, para el mutuo uso de los órganos sexuales de dos personas. Ya ven ustedes qué romántico y bonito suena. No es raro que con esa idea Kant no se casara nunca en su vida. P 119
La fidelidad es tener fe, ser fiel a alguien, pero en un sentido más amplio: tener fidelidad a su afecto, a sus gustos, hacer las cosas por cariño, por interés de verla vivir mejor, pero no exclusivamente en el terreno sexual. P 119
VII. NO ROBARAS
Cuando nos referimos al robo, en general hablamos de la depredación, de privar a personas de forma injusta de cosas que tienen derecho a disfrutar. En cambio, dudamos en utilizar la expresión robo cuando se trata de una acción efectuada por una necesidad. ¿Quién, al ver morir a un hijo de hambre o que necesita de forma desesperada una medicina, no cometería un latrocinio si no tuviera otra forma de obtener el dinero para resolver el problema? Sobre todo si se roba a una persona o a una institución adinerada. P 128
Todo lo que se come sin necesidad, se roba al estómago de los pobres. Mahatma Gandhi p 128
Martín Caparrós cree que el saqueo «es un momento en el que la gente se siente extremadamente libre; puede por fin acceder a aquello que no posee, porque carece del dinero que le permitiría conseguirlo. En ese instante se quiebra el orden capitalista y las personas son libres de conseguir aquello que necesitan porque dejan de lado la intermediación del dinero». P 129.
El robo está asociado siempre a la idea del poder. P 131.
Creo que el tema de los derechos de autor, relacionado con internet y con las nuevas formas de reproducción tecnológica, va a cambiar en buena medida nuestro concepto del plagio, del robo intelectual. ¿Hasta qué punto vamos a poder seguir llamando robo a este comportamiento que quizá termine por convertirse en algo habitual? Cuando empezó a popularizarse la fotocopiadora ocurrió algo similar. Hoy la fotocopia de libros es normal, y nadie se siente culpable ni ladrón por haber fotocopiado el libro de un amigo para poder disfrutarlo, en lugar de comprarlo en un comercio. P 135.
VIII. NO LEVANTARAS FALSOS TESTIMONIOS NI MENTIRAS
Ya sabes lo que dijo Goethe, que tú nos concediste la palabra para que pudiéramos ocultar mejor nuestros pensamientos. P 139
Se afirma que uno domina sus silencios y no sus palabras. Es probable que sea así, que seamos más dueños de lo que callamos que de lo que decimos. P 139
Supongo que hay un tipo de mentiras que nosotros exigimos a los demás: las de cortesía, las del arte, las de la ficción, y en ocasiones hasta pedimos que se nos oculten realidades desagradables que no podemos cambiar. P 141
Muchos de nosotros actuamos como aquella señorita Luz, personaje de la obra teatral Mi Fausto, de Paul Valéry, cuando le pregunta a Fausto: «¿Quiere usted que le diga la verdad?». A lo que Fausto responde: «Dígame usted la mentira que considere más digna de ser verdad». P 142.
La verdad pareciera que es propia de personas más duras, que están en condiciones de soportar esa herida que produce enterarse de algo malo, pero que sabiéndolo están en posición de lograr superarlo». P 143.
Tal vez he mentido a bastantes mujeres. Pero no lo hacía cuando les decía que las quería, sino cuando afirmaba que no quería a nadie más. P 144
Lo que me preocupa no es que hayas mentido, sino que de ahora en adelante ya no podré creer en ti. Friedrich Nietzsche p 145
La publicidad es una fábrica de sueños, de inventos maravillosos, que nosotros creamos en nuestro interior y que ella materializa en el exterior. P 148
Uno también miente cuando no dice algo que es verdadero y cuya omisión hace que cambie el sentido de las cosas. P 148
IX. NO DESEARAS A LA MUJER DEL PRÓJIMO
Por otra parte, te diré que prohibir desear a la mujer es algo incompleto. A riesgo de escandalizarte, te diré que la mujer tiene el mismo derecho de desear al hombre de la prójima. También hay quienes no desean a la mujer del prójimo porque desean al prójimo. P 153.
Las relaciones de pareja ya no son las mismas. Ninguna mujer acepta ser de nadie. Tal vez lo único que hay que agradecerle a tu mandamiento es que a lo largo de los siglos, nada ha hecho tan deseable a las mujeres como que se supusiera que eran de alguien. Es igual que la hierba del campo vecino que creemos más verde: la mujer del prójimo siempre parece especialmente encantadora, porque es inaccesible o se nos niega. P 153
Casi siempre los celos se relacionan con la envidia. Pero la diferencia básica es que se siente envidia de lo que uno no tiene y celos de lo que uno tiene. P 156
En todos los afectos hay un elemento posesivo y de amor propio. Decía muy bien el moralista francés Francois La Rochefoucauld que todas las penas de amor son penas de amor propio, y que muchas veces, cuando estamos clamando por nuestro amor perdido, lo que estamos es protestando por nuestro amor propio ultrajado. P 158
Por eso se dice que cuando un hombre tiene fama de gran conquistador, es porque esa idea que tiene la gente de él le ayuda a conquistar. P 159
En definitiva, los seres humanos deseamos lo que vemos desear a otros. Si todo el mundo desea a esta mujer, algo tendrá para ser tan deseada. Si todo el mundo corre detrás de este hombre, será porque tiene algo extraordinario. Por lo tanto, hay un elemento de triangulación del deseo. P 159
Estamos, en el fondo, frente al sueño de la posesión perfecta. La manera de poseer algo es hacerse uno con ello de manera definitiva. Pero en lugar de ser una ampliación del amor se trata de una disminución ya que lo bonito y lo meritorio es que se amen dos personas distintas, no que se conviertan en una. Eso deja de ser amor y se convierte en egoísmo ya que uno se está amando a sí mismo. Lo difícil es prodigar el amor a otro, respetando su integridad y su carácter. Por eso hay que tener en cuenta el poema de Mario Benedetti cuando dice que tú y yo somos mucho más que dos. Está bien ser más que dos, pero no menos, siempre hay que mantenerse como dos. P 160
X. NO CODICIARAS LOS BIENES AJENOS
Los mayores fraudes no los cometen quienes quieren hacerse ricos, sino quienes quieren hacerse más ricos. P 165
La envidia es el más sociable de los vicios p 166
Para el rabino Isaac Sacca, «este mandamiento en cierta medida desencadena los anteriores. El que envidia roba, el que envidia levanta falso testimonio, el que envidia mata, el que envidia comete adulterio. La envidia es la raíz de los grandes males de la sociedad. P 166
Hoy en día ser envidiado es un valor, una forma de prestigio, porque, en definitiva, quien nos envidia nos ofrece un relativo homenaje. Uno se siente halagado pues se siente elevado a una posición superior al que lo envidia. Por lo tanto, y aunque parezca un juego de palabras, no sólo envidiamos una serie de cosas, sino también la condición de envidiados. P 168
la mayoría de las cosas destinadas a ser disfrutadas exigen que haya otras personas que no las tengan, que sean exclusivas de quien las disfruta. P 168
Según Martín Caparrós, «se supone que uno debe codiciar los bienes ajenos para poder progresar. Se supone que la forma de progresar consiste en conseguir una serie de bienes, y si uno los tiene que ir a conseguir es porque no son suyos. Entonces, si se tomara al pie de la letra este mandamiento, tendríamos que volver a una especie de comunidad primitiva, en la que nada es de nadie y todos los bienes están ahí. P 170
Donde exista una comunidad de bienes no puede haber codicia, puesto que ningún bien es ajeno. Codiciar las cosas del otro es característico de las sociedades donde existe la propiedad privada. P 171
No hay que olvidar que aquello que tenemos también nos posee a nosotros. P 172
Marcos Aguinis define con precisión la codicia: «Es una condena para el que la sufre —afirma—, porque lo convierte en un ser mitológico que termina por morirse de hambre, debido a que todo lo que toca es oro. Es decir, es un individuo que jamás puede satisfacerse, que jamás llega a estar feliz, porque todo lo que consigue lo lleva a desear conseguir más. Entonces es una carrera loca, es una rueda que gira en el espacio que nunca llega a ninguna parte». P 172
el que más tiene más codicia, el que más tiene más le falta. P 172
LOS HOMBRES NECESITAN UN DIOS TERRIBLE
Ninguna de las leyes de Dios es arbitraria pues entre ellas sé encuentran conceptos morales universales. P 178
«Temeos los unos a los otros y aceptad las leyes». P 179

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