Titulo: LA NAUSEA
Subtitulo:
Autor: Jean Paul Sartre
Editorial: Losada
Ciudad: Buenos Aires - Argentina
Fecha de Lectura: 2007
También ellos necesitan ser muchos para existir. P 20
Para sentirlas [emociones inofensivas] basta estar un poquito solo, justo lo necesario para desembarazarse de la verosimilitud en el momento oportuno. P 21
Pero ya no puedo explicar lo que veo p 21
Por primera vez me hastía estar solo. Quisiera hablar a alguien de lo que me pasa, antes de que sea demasiado tarde, antes de inspirar miedo a los chiquillos. P 22
No comprendo nada en este rostro, ni siquiera puedo decidir si es lindo o es feo. Pienso que es feo, porque me lo han dicho. En el fondo me choca a mí mismo que puedan atribuirle cualidades de ese tipo, como si llamaran lindo o feo a un montón de tierra o a un bloque de piedra. P 29
Ya no puedo recibir de estas soledades trágicas nada más que un poco de pureza vacía. P 41
Usted se equivoca de tren. Baja en una ciudad desconocida. Pierde la valija, lo detienen por error, pasa la noche en la cárcel. Señor, creo que la aventura puede definirse así: un acontecimiento que sale de lo ordinario sin ser forzosamente extraordinario. P 49
Para que el suceso más trivial se convierta en aventura, es necesario y suficiente contarlo. P 52
Cuando uno vive no sucede nada. Los decorados cambian, la gente entra y sale, eso es todo. Nunca hay comienzos. Los días se añaden a los días sin ton ni son, en una suma interminable y monótona. P 53
En las iglesias, a la luz de los cirios, un hombre bebe vino delante de mujeres arrodilladas. P 54
Pero para mí no hay lunes ni domingo; hay días que se empujan en desorden. P 68
Hay que escribir todo al correr de la pluma, sin buscar las palabras. P 70
Deseo que otro haya tenido más suerte y habilidad en el juego de los momentos perfectos. P 77
Ni siquiera sufrir, me sentía vacio. P 78
Haberlo hecho, es mucho mejor que seguir haciéndolo: la perspectiva permite el juicio, la comparación, la reflexión. P 84
Flotaba en sus labios la sombra de una sonrisa. Pero sus ojos grises no sonreían. P 98
Y era verdad, siempre lo había sabido: yo no tenía derecho a existir. Había parecido por casualidad, existía como una piedra, como una planta, como un microbio. P 99
La experiencia es mucho más que una defensa contra la muerte; es un derecho: el derecho de los ancianos. P 100
Se revelaba la verdadera naturaleza del presente: era todo lo que existe, y todo lo que no fuese presente no existe. EL pasado no existía. En absoluto. Ni en las cosas ni siquiera en mi pensamiento. P 110
Él me necesitaba para ser, y yo lo necesitaba para no sentir mi ser. P 113
¿Qué haré ahora?
Sobre todo no moverse, no moverse … ¡ah!
No pude contener ese encogimiento de hombros…
La cosa, que aguardaba, me ha dado la voz de alarma, me ha caído encima, se escurre en mí, estoy lleno de ella. La cosa no es nada: La cosa soy yo. La existencia liberada, desembarazada, refluye sobre mí. Existo. P 113
Si por lo menos pudiera dejar de pensar, ya sería mejor. Los pensamientos son lo más insulso que hay. Más insulso aún que la carne. Son una cosa que se estira interminablemente, y dejan un gusto raro. P 114
Yo soy mi pensamiento, por eso no puedo detenerme. Existo porque pienso… y no puedo dejar de pensar. En este mismo momento –es atróz- si existo es porque me horroriza existir. Yo, yo me saco de la nada a la que aspiro; el odio, el asco de existir son otras tantas maneras de hacerme existir, de hundirme en la existencia. P 114
Soy, existo, pienso, luego soy; soy porque pienso, ¿Por qué pienso? No quiero pensar más, soy porque pienso que no quiero ser, pienso que… porque… ¡puf! P 115
Todo está lleno, existencia en todas partes, densa y pesada y dulce. P 117
Debería saber que Anny jamás aceptará envejecer en mi presencia. P 118
Es que pienso que estamos todos aquí, comiendo y bebiendo para conservar nuestra existencia, y no hay nada, ninguna razón para existir. P 127
Existir es estar ahí, simplemente; los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos. P 147
Todo es gratuito: este jardín, esta ciudad, yo mismo. Cuando uno llega a comprenderlo, se le revuelve el estomago y todo empieza a flotar, como la otra noche en el Rendez Vous des Cheminots: eso es la náusea. P 147
Cansados y viejos, continuaban existiendo de mala gana, simplemente porque eran demasiado débiles para morir, porque la muerte podía venirles del exterior. P 149
Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad. P 149
Me eres indispensable; yo cambio, queda convenido que tu permaneces inmutable y mido mis cambios en comparación contigo. P 159
Me sobrevivo p 160
Tú sabes que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita una energía, una generosidad, una ceguera… Hasta hay un momento, el principio mismo, en que es preciso saltar un precipicio; si una reflexiona, no lo hace. Sé que nunca más saltaré. P 161
En cada una de las situaciones privilegiadas hay que realizar ciertos actos, adoptar ciertas actitudes, decir ciertas palabras, y otras actitudes, otras palabras están estrictamente prohibidas. P 164
Había que transformar las situaciones privilegiadas en momentos perfectos. Era cuestión de moral. P 164
Era un rey que había perdido una batalla y había caído prisionero. Estaba en un rincón, en el campo del vencedor. Ve pasar a su hijo y su hija encadenados. No llora, no dice nada. Después ve pasar, encadenado también, a uno de sus servidores. Entonces empieza a gemir y arrancarse los cabellos. P 165
Hay casos en que no se debe llorar, si no, uno es inmundo. Pero si dejas caer un leño en tu pie, puedes hacer lo que quieras; gimotear, llorar, saltar sobre el otro pie. Lo estúpido sería mantenerse todo el tiempo estoico, sería agotarse para nada. P 165
¡Qué error! Sí, realmente, pensaba que existía “el odio”, que venía a posarse en la gente y a elevarla sobre sí misma. Naturalmente, solo existo yo, yo que odio, yo que amo. P 166
Solo y libre. Pero esta libertad se parece un poco a la muerte. P 173
Decir que hay imbéciles que obtienen consuelo con las bellas artes, creen que la belleza se compadece de ellos. Basura. P 190
Hay que ser como yo, hay que padecer con ritmo. P 192
Un existente jamás puede justificar la existencia de otro existente. P 194
Tendría que ser bella y dura como el acero, y que avergonzara a la gente de su existencia. P 194
Y llegaré –en el pasado, sólo en el pasado- a aceptarme. P 195
Subtitulo:
Autor: Jean Paul Sartre
Editorial: Losada
Ciudad: Buenos Aires - Argentina
Fecha de Lectura: 2007
También ellos necesitan ser muchos para existir. P 20
Para sentirlas [emociones inofensivas] basta estar un poquito solo, justo lo necesario para desembarazarse de la verosimilitud en el momento oportuno. P 21
Pero ya no puedo explicar lo que veo p 21
Por primera vez me hastía estar solo. Quisiera hablar a alguien de lo que me pasa, antes de que sea demasiado tarde, antes de inspirar miedo a los chiquillos. P 22
No comprendo nada en este rostro, ni siquiera puedo decidir si es lindo o es feo. Pienso que es feo, porque me lo han dicho. En el fondo me choca a mí mismo que puedan atribuirle cualidades de ese tipo, como si llamaran lindo o feo a un montón de tierra o a un bloque de piedra. P 29
Ya no puedo recibir de estas soledades trágicas nada más que un poco de pureza vacía. P 41
Usted se equivoca de tren. Baja en una ciudad desconocida. Pierde la valija, lo detienen por error, pasa la noche en la cárcel. Señor, creo que la aventura puede definirse así: un acontecimiento que sale de lo ordinario sin ser forzosamente extraordinario. P 49
Para que el suceso más trivial se convierta en aventura, es necesario y suficiente contarlo. P 52
Cuando uno vive no sucede nada. Los decorados cambian, la gente entra y sale, eso es todo. Nunca hay comienzos. Los días se añaden a los días sin ton ni son, en una suma interminable y monótona. P 53
En las iglesias, a la luz de los cirios, un hombre bebe vino delante de mujeres arrodilladas. P 54
Pero para mí no hay lunes ni domingo; hay días que se empujan en desorden. P 68
Hay que escribir todo al correr de la pluma, sin buscar las palabras. P 70
Deseo que otro haya tenido más suerte y habilidad en el juego de los momentos perfectos. P 77
Ni siquiera sufrir, me sentía vacio. P 78
Haberlo hecho, es mucho mejor que seguir haciéndolo: la perspectiva permite el juicio, la comparación, la reflexión. P 84
Flotaba en sus labios la sombra de una sonrisa. Pero sus ojos grises no sonreían. P 98
Y era verdad, siempre lo había sabido: yo no tenía derecho a existir. Había parecido por casualidad, existía como una piedra, como una planta, como un microbio. P 99
La experiencia es mucho más que una defensa contra la muerte; es un derecho: el derecho de los ancianos. P 100
Se revelaba la verdadera naturaleza del presente: era todo lo que existe, y todo lo que no fuese presente no existe. EL pasado no existía. En absoluto. Ni en las cosas ni siquiera en mi pensamiento. P 110
Él me necesitaba para ser, y yo lo necesitaba para no sentir mi ser. P 113
¿Qué haré ahora?
Sobre todo no moverse, no moverse … ¡ah!
No pude contener ese encogimiento de hombros…
La cosa, que aguardaba, me ha dado la voz de alarma, me ha caído encima, se escurre en mí, estoy lleno de ella. La cosa no es nada: La cosa soy yo. La existencia liberada, desembarazada, refluye sobre mí. Existo. P 113
Si por lo menos pudiera dejar de pensar, ya sería mejor. Los pensamientos son lo más insulso que hay. Más insulso aún que la carne. Son una cosa que se estira interminablemente, y dejan un gusto raro. P 114
Yo soy mi pensamiento, por eso no puedo detenerme. Existo porque pienso… y no puedo dejar de pensar. En este mismo momento –es atróz- si existo es porque me horroriza existir. Yo, yo me saco de la nada a la que aspiro; el odio, el asco de existir son otras tantas maneras de hacerme existir, de hundirme en la existencia. P 114
Soy, existo, pienso, luego soy; soy porque pienso, ¿Por qué pienso? No quiero pensar más, soy porque pienso que no quiero ser, pienso que… porque… ¡puf! P 115
Todo está lleno, existencia en todas partes, densa y pesada y dulce. P 117
Debería saber que Anny jamás aceptará envejecer en mi presencia. P 118
Es que pienso que estamos todos aquí, comiendo y bebiendo para conservar nuestra existencia, y no hay nada, ninguna razón para existir. P 127
Existir es estar ahí, simplemente; los existentes aparecen, se dejan encontrar, pero nunca es posible deducirlos. P 147
Todo es gratuito: este jardín, esta ciudad, yo mismo. Cuando uno llega a comprenderlo, se le revuelve el estomago y todo empieza a flotar, como la otra noche en el Rendez Vous des Cheminots: eso es la náusea. P 147
Cansados y viejos, continuaban existiendo de mala gana, simplemente porque eran demasiado débiles para morir, porque la muerte podía venirles del exterior. P 149
Todo lo que existe nace sin razón, se prolonga por debilidad y muere por casualidad. P 149
Me eres indispensable; yo cambio, queda convenido que tu permaneces inmutable y mido mis cambios en comparación contigo. P 159
Me sobrevivo p 160
Tú sabes que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita una energía, una generosidad, una ceguera… Hasta hay un momento, el principio mismo, en que es preciso saltar un precipicio; si una reflexiona, no lo hace. Sé que nunca más saltaré. P 161
En cada una de las situaciones privilegiadas hay que realizar ciertos actos, adoptar ciertas actitudes, decir ciertas palabras, y otras actitudes, otras palabras están estrictamente prohibidas. P 164
Había que transformar las situaciones privilegiadas en momentos perfectos. Era cuestión de moral. P 164
Era un rey que había perdido una batalla y había caído prisionero. Estaba en un rincón, en el campo del vencedor. Ve pasar a su hijo y su hija encadenados. No llora, no dice nada. Después ve pasar, encadenado también, a uno de sus servidores. Entonces empieza a gemir y arrancarse los cabellos. P 165
Hay casos en que no se debe llorar, si no, uno es inmundo. Pero si dejas caer un leño en tu pie, puedes hacer lo que quieras; gimotear, llorar, saltar sobre el otro pie. Lo estúpido sería mantenerse todo el tiempo estoico, sería agotarse para nada. P 165
¡Qué error! Sí, realmente, pensaba que existía “el odio”, que venía a posarse en la gente y a elevarla sobre sí misma. Naturalmente, solo existo yo, yo que odio, yo que amo. P 166
Solo y libre. Pero esta libertad se parece un poco a la muerte. P 173
Decir que hay imbéciles que obtienen consuelo con las bellas artes, creen que la belleza se compadece de ellos. Basura. P 190
Hay que ser como yo, hay que padecer con ritmo. P 192
Un existente jamás puede justificar la existencia de otro existente. P 194
Tendría que ser bella y dura como el acero, y que avergonzara a la gente de su existencia. P 194
Y llegaré –en el pasado, sólo en el pasado- a aceptarme. P 195

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