Titulo: EL ELOGIO DE LA LOCURA
Subtitulo:
Autor: Erasmo de Rotterdam
Editorial: Latinas Editores
Ciudad: Oruro - Bolivia
Fecha de Lectura: Febrero de 2010
Bien hace en alabarse a sí mismo quien no tiene a nadie quien lo alabe. P 12.
¿Qué es definir? Es encerrar en sus justos términos la idea de una cosa. ¿y que es dividir? Es separar las partes de una cosa. P 13.
Porque es defecto humano que agrade y admire mas una cosa cuanto menos se la comprende. P 14
El filósofo si quiere ser padre, tendrá que acudir a mi presencia, la locura. P 18.
¿Qué sería la vida si de ella se quitase el placer? ¿Merecería siquiera que se llame vida? P 19.
La vida sería insoportable si no se la aderezase con la sal de la locura. P 19.
Adolescencia. Podéis comprobar esto observando que, según van adquiriendo mayor suma de conocimientos, bien por propia experiencia de la vida, bien por el estudio de las ciencias, hermosura se desvanece en ellos, la alegría deja paso a la preocupación, el vigor decae, el donaire se esfuma; y es que conforme el hombre se va alejando de mi, la vida se va alejando de él. P 20.
Dotada de sabiduría, la juventud sería un monstruo incomprensible. No es agradable el niño que se asemeja al sabio. P 21.
No se verían entonces esas caras demacradas, esos cuerpos agotados por haberse entregado a los estudios de la filosofía y de otras arduas cuestiones que les hacen parecer ancianos cuando aún son muchachos; porque el mucho cavilar seca los espíritus y agota la fuente de la vida. P 22.
Dos enemigos terribles se oponen a la razón; uno es la ira, que tiene su guarida en el corazón humano, centro vital de la vida; y el otro es la concupiscencia, que impera en la parte inferior de nuestro organismo.
Como el hombre está destina o manejar y regir las cosas de la tierra, se hizo necesario ponerle un freno a esa rebeldía, y Jupiter me pidió consejo (a la locura) a cerca de lo que se podría hacer. Y he aquí lo que le contesté: “Da una compañera al hombre”. P 27.
Cuando una mujer quiere pasar por inteligente, lo que en realidad consigue es poner en evidencia su falta de seso. P 27.
Tiene el privilegio de la belleza. P 28.
Todo cuanto hace no tiene más que un fin: agradar al hombre. P 28.
La amistad es lo principal en la vida, algo así como el agua, el aire o el fuego; privarlos de ella es privarlos de la luz del sol. P 29
¿NO es realmente una locura? EL enamorado que besa con pasión una verruga de su amada, el que respira con arrobamiento el aliento fétido de su amiga, el padre que piensa que los ojos de su hijo son más bellos que los de Venus. Esa estupidez es la que forja y conserva las amistades. P 30.
Eso es fruto de la locura, porque sin ella, la esposa no soportaría al marido, este no soportaría a aquella y en la casa no reinaría la paz. P 31.
Sin mí no es posible la relación humana, por lo menos la relación amable y llevadera, ni el siervo soportaría al señor. P 31.
Es preciso que se engañen, que se adulen, que se toleren con mutuas lisonjas, que finjan y se sonrían hipócritamente. P 32.
¿Puede amar a alguien el hombre que se aborrece a sí mismo? ¿Es posible que se ponga de acuerdo con los demás el que nunca está de acuerdo consigo mismo? El que está vencido por su propio tedio ¿Puede acaso divertir a los demás? P 32.
Sin el estímulo del amor propio, el orador no entusiasma, el músico no emociona con sus acordes, el actor se equivoca y provoca ira, el poeta resulta grotesco. Preciso es pues, reconocer que cada cual debe lisonjearse a sí mismo y pensar en su propia estimación antes que en la ajena. P 33.
La sabiduría es un obstáculo para hacer las cosas bien. P 35.
Los pueblos serían dichosos si los gobernasen los filósofos o si filosofasen los gobernantes. P 35.
Si cuantos se entregan a la filosofía fracasan en las cosas prácticas de la vida. P 36.
EL necio aprende a su costa. P 39.
Todas las cosas de la vida tienen dos caras, y ocurre que a veces que algo por fuera es la imagen de la muerte, dentro está lleno de vida. P 39.
La verdadera prudencia consiste en tener presente que se es mortal y que no se debe emplear mas sabiduría que la que usa la generalidad de los humanos pasando por alto los errores que se observen en los demás. p 41.
Calamidades que afligen a la humanidad: la suciedad del nacimiento, lo penoso de la crianza, los peligros de la infancia, los sacrificios y desvelos de la juventud, las tristezas y dolores de la vejez, y, finalmente como coronación de todo esto, la muerte. P 43.
Las parcas: Una hilaba, otra devanaba y otra cortaba el hilo de la vida: Cloto, Láquesis y atropos. P 44.
¿Qué más da a uno que lo silben, si él mismo, dentro de sí no hace más que aplaudirse? P 45.
El conocimiento de la ciencia y del arte es peculiar del hombre, porque con ello la naturaleza le compensa de bienes que no le ha concedido. P 46.
En la sencilla y hermosa edad de oro, en la que no se sabía lo que la ciencia era, los hombres vivían felices de acuerdo a sus inspiraciones de su deseo y a los mandatos de sus instintos. P 47.
Los seres más felices serán aquellos que se abstengan de relacionarse con la sabiduría y se dejen llevar por los impulsos naturales. P 48.
Los que más se alejan de la felicidad son los que más saben. P 50.
Los hombres que se tienen por sesudos se inspiran mutuamente recelos y envidias, mis secuaces son siempre bien recibidos en todas partes, inspiran desde le primer momento simpatía, se ven con agrado, son buscados, agasajados, regalados, y se les perdona al instante, sin reservas, todo cuanto hacen o dicen. P 51.
Hieren los oídos delicados con la dulzura de sus verdades.
Alcibiades dice en el Banquete de Platón que solo en el vino y en la infancia se encuentra la verdad; pero debió decir también en la locura.
Los sabios, según ha dicho el mismo Euripides, tienen dos lenguas: con una dicen la verdad, con la otra dicen lo que les conviene. Y así vemos que hoy aseguran que es blanco lo que mañana afirman que es negro, con la misma soplan lo frio y lo caliente, y nunca se sabe si de verdad creen lo que dicen. P 52.
Este individuo ha pasado su niñez y su adolescencia estudiando sin cesar; ha visto pasar sus mejores años en vigilia, frente a los libros, y nunca ha disfrutado del menor placer, prematuramente deja este mundo antes de tiempo, si bien, poco debe importarle la muerte a quien no ha gozado de la vida. P 53.
Cuanto mas loco es uno, más dichoso se siente. P 56.
Las cosas grandes con intentarlas basta. P 57.
Vuestra muerte será buena si ha sido buena vuestra vida. Vuestros pecados serán perdonados si unís a la limosna el sincero arrepentimiento, las vigilias, las oraciones, los ayunos; en fin, si cambiáis por completo de manera de ser. Si ambicionáis que un santo os sea propio, imitad sus acciones. P 61.
No hay diferencia entre los que, sumidos en las sombras de su ignorancia, “la caverna” de que hablaba Platón se dejan engañar por la apariencia de las cosas, sin desearlas y sin satisfacerse con ellas, y el sabio que las ve tal como son en realidad . p 67
No hay dicha completa si no se disfruta en compañía. P 67
La vanidosa recompensa de merecer las alabanzas de unos cuantos la pagan con vigilias, trabajos, ayunos y fatigas a lo que hay que añadir la perdida de salud por la falta de sueño, don inapreciable: las arrugas del rostro, la debilidad de la vista, cuando no la ceguera; la pobreza la envidia de los de su oficio, la privación de toda clase de placeres, las enfermedades, la vejez prematura y la muerte entre la miseria y el abandono, son, entre otras cosas, las desdichas que el sabio cree compensar con el aplauso de unos cuantos mentecatos de su calaña. P 77.
Solo se sienten verdaderos pastores cuando hay que recoger dinero. P 97.
Fortuna te de Dios hijo, que el saber poco te vale. P 102.
La sabiduría hace a la gente extremadamente tímida, siendo esa la razón de que los sabios sean pobres y permanezcan olvidados en su rincón, mientras que los locos y los osados viven en el lujo, participan en la dirección del estado y gozan de todas las ventajas del bienestar. P 103.
Dime de lo que alardeas y te diré de lo que careces. P 103.
Epicuro aconseja que se mezcle: “La locura con el buen sentido” solo de cuando en cuando y en pequeñas dosis. P 104.
Es preferible que le tengan a uno por estúpido, que pasar por un sabio antipático. P 104.
Mayor es la felicidad cuantos más son los seres que la disfrutan. P 104.
El hombre se ha vuelto necio a causa de su misma sabiduría. P 105.
El necio es variable como la luna, el sabio es fijo como el sol. P 105.
Quien añade ciencia añade dolor y en el mundo saber siempre hay mucha pena. EN el corazón de los sabios reside la tristeza, y en el de los locos, la alegría. P 106.
Dedique mi entusiasmo a conocer la prudencia y la sabiduría, los errores y la locura. P 106.
Más le conviene al hombre ocultar su locura que su sabiduría. P 106.
La locura del señor vale más que la sabiduría de las criaturas. P 111.
Jesús - Dios: Vedó a los sabios el misterio de la salvación, revelando, en cambio, a los niños y a los pobres de espíritu. P 112.
Por eso eligió al burro para cabalgar, aunque hubiese podido domar a los leones más feroces. P 112.
Por la misma razón ordenó Dios al hombre, bajo la amenaza de severos castigos, que no tocase al árbol de la ciencia, dando a entender que en él residía la desgracia. P 113.
La memoria, el entendimiento y la voluntad, son más independientes de la materia. P 116.
¡Olvidaos de cuanto os he dicho, famosos secretarios de la locura! ¡salud a todo! ¡bebed, vivid y aplaudid!
¡Olvidaos de cuanto os he dicho, famosos secretarios de la locura! ¡salud a todo! ¡bebed, vivid y aplaudid!
Subtitulo:
Autor: Erasmo de Rotterdam
Editorial: Latinas Editores
Ciudad: Oruro - Bolivia
Fecha de Lectura: Febrero de 2010
Bien hace en alabarse a sí mismo quien no tiene a nadie quien lo alabe. P 12.
¿Qué es definir? Es encerrar en sus justos términos la idea de una cosa. ¿y que es dividir? Es separar las partes de una cosa. P 13.
Porque es defecto humano que agrade y admire mas una cosa cuanto menos se la comprende. P 14
El filósofo si quiere ser padre, tendrá que acudir a mi presencia, la locura. P 18.
¿Qué sería la vida si de ella se quitase el placer? ¿Merecería siquiera que se llame vida? P 19.
La vida sería insoportable si no se la aderezase con la sal de la locura. P 19.
Adolescencia. Podéis comprobar esto observando que, según van adquiriendo mayor suma de conocimientos, bien por propia experiencia de la vida, bien por el estudio de las ciencias, hermosura se desvanece en ellos, la alegría deja paso a la preocupación, el vigor decae, el donaire se esfuma; y es que conforme el hombre se va alejando de mi, la vida se va alejando de él. P 20.
Dotada de sabiduría, la juventud sería un monstruo incomprensible. No es agradable el niño que se asemeja al sabio. P 21.
No se verían entonces esas caras demacradas, esos cuerpos agotados por haberse entregado a los estudios de la filosofía y de otras arduas cuestiones que les hacen parecer ancianos cuando aún son muchachos; porque el mucho cavilar seca los espíritus y agota la fuente de la vida. P 22.
Dos enemigos terribles se oponen a la razón; uno es la ira, que tiene su guarida en el corazón humano, centro vital de la vida; y el otro es la concupiscencia, que impera en la parte inferior de nuestro organismo.
Como el hombre está destina o manejar y regir las cosas de la tierra, se hizo necesario ponerle un freno a esa rebeldía, y Jupiter me pidió consejo (a la locura) a cerca de lo que se podría hacer. Y he aquí lo que le contesté: “Da una compañera al hombre”. P 27.
Cuando una mujer quiere pasar por inteligente, lo que en realidad consigue es poner en evidencia su falta de seso. P 27.
Tiene el privilegio de la belleza. P 28.
Todo cuanto hace no tiene más que un fin: agradar al hombre. P 28.
La amistad es lo principal en la vida, algo así como el agua, el aire o el fuego; privarlos de ella es privarlos de la luz del sol. P 29
¿NO es realmente una locura? EL enamorado que besa con pasión una verruga de su amada, el que respira con arrobamiento el aliento fétido de su amiga, el padre que piensa que los ojos de su hijo son más bellos que los de Venus. Esa estupidez es la que forja y conserva las amistades. P 30.
Eso es fruto de la locura, porque sin ella, la esposa no soportaría al marido, este no soportaría a aquella y en la casa no reinaría la paz. P 31.
Sin mí no es posible la relación humana, por lo menos la relación amable y llevadera, ni el siervo soportaría al señor. P 31.
Es preciso que se engañen, que se adulen, que se toleren con mutuas lisonjas, que finjan y se sonrían hipócritamente. P 32.
¿Puede amar a alguien el hombre que se aborrece a sí mismo? ¿Es posible que se ponga de acuerdo con los demás el que nunca está de acuerdo consigo mismo? El que está vencido por su propio tedio ¿Puede acaso divertir a los demás? P 32.
Sin el estímulo del amor propio, el orador no entusiasma, el músico no emociona con sus acordes, el actor se equivoca y provoca ira, el poeta resulta grotesco. Preciso es pues, reconocer que cada cual debe lisonjearse a sí mismo y pensar en su propia estimación antes que en la ajena. P 33.
La sabiduría es un obstáculo para hacer las cosas bien. P 35.
Los pueblos serían dichosos si los gobernasen los filósofos o si filosofasen los gobernantes. P 35.
Si cuantos se entregan a la filosofía fracasan en las cosas prácticas de la vida. P 36.
EL necio aprende a su costa. P 39.
Todas las cosas de la vida tienen dos caras, y ocurre que a veces que algo por fuera es la imagen de la muerte, dentro está lleno de vida. P 39.
La verdadera prudencia consiste en tener presente que se es mortal y que no se debe emplear mas sabiduría que la que usa la generalidad de los humanos pasando por alto los errores que se observen en los demás. p 41.
Calamidades que afligen a la humanidad: la suciedad del nacimiento, lo penoso de la crianza, los peligros de la infancia, los sacrificios y desvelos de la juventud, las tristezas y dolores de la vejez, y, finalmente como coronación de todo esto, la muerte. P 43.
Las parcas: Una hilaba, otra devanaba y otra cortaba el hilo de la vida: Cloto, Láquesis y atropos. P 44.
¿Qué más da a uno que lo silben, si él mismo, dentro de sí no hace más que aplaudirse? P 45.
El conocimiento de la ciencia y del arte es peculiar del hombre, porque con ello la naturaleza le compensa de bienes que no le ha concedido. P 46.
En la sencilla y hermosa edad de oro, en la que no se sabía lo que la ciencia era, los hombres vivían felices de acuerdo a sus inspiraciones de su deseo y a los mandatos de sus instintos. P 47.
Los seres más felices serán aquellos que se abstengan de relacionarse con la sabiduría y se dejen llevar por los impulsos naturales. P 48.
Los que más se alejan de la felicidad son los que más saben. P 50.
Los hombres que se tienen por sesudos se inspiran mutuamente recelos y envidias, mis secuaces son siempre bien recibidos en todas partes, inspiran desde le primer momento simpatía, se ven con agrado, son buscados, agasajados, regalados, y se les perdona al instante, sin reservas, todo cuanto hacen o dicen. P 51.
Hieren los oídos delicados con la dulzura de sus verdades.
Alcibiades dice en el Banquete de Platón que solo en el vino y en la infancia se encuentra la verdad; pero debió decir también en la locura.
Los sabios, según ha dicho el mismo Euripides, tienen dos lenguas: con una dicen la verdad, con la otra dicen lo que les conviene. Y así vemos que hoy aseguran que es blanco lo que mañana afirman que es negro, con la misma soplan lo frio y lo caliente, y nunca se sabe si de verdad creen lo que dicen. P 52.
Este individuo ha pasado su niñez y su adolescencia estudiando sin cesar; ha visto pasar sus mejores años en vigilia, frente a los libros, y nunca ha disfrutado del menor placer, prematuramente deja este mundo antes de tiempo, si bien, poco debe importarle la muerte a quien no ha gozado de la vida. P 53.
Cuanto mas loco es uno, más dichoso se siente. P 56.
Las cosas grandes con intentarlas basta. P 57.
Vuestra muerte será buena si ha sido buena vuestra vida. Vuestros pecados serán perdonados si unís a la limosna el sincero arrepentimiento, las vigilias, las oraciones, los ayunos; en fin, si cambiáis por completo de manera de ser. Si ambicionáis que un santo os sea propio, imitad sus acciones. P 61.
No hay diferencia entre los que, sumidos en las sombras de su ignorancia, “la caverna” de que hablaba Platón se dejan engañar por la apariencia de las cosas, sin desearlas y sin satisfacerse con ellas, y el sabio que las ve tal como son en realidad . p 67
No hay dicha completa si no se disfruta en compañía. P 67
La vanidosa recompensa de merecer las alabanzas de unos cuantos la pagan con vigilias, trabajos, ayunos y fatigas a lo que hay que añadir la perdida de salud por la falta de sueño, don inapreciable: las arrugas del rostro, la debilidad de la vista, cuando no la ceguera; la pobreza la envidia de los de su oficio, la privación de toda clase de placeres, las enfermedades, la vejez prematura y la muerte entre la miseria y el abandono, son, entre otras cosas, las desdichas que el sabio cree compensar con el aplauso de unos cuantos mentecatos de su calaña. P 77.
Solo se sienten verdaderos pastores cuando hay que recoger dinero. P 97.
Fortuna te de Dios hijo, que el saber poco te vale. P 102.
La sabiduría hace a la gente extremadamente tímida, siendo esa la razón de que los sabios sean pobres y permanezcan olvidados en su rincón, mientras que los locos y los osados viven en el lujo, participan en la dirección del estado y gozan de todas las ventajas del bienestar. P 103.
Dime de lo que alardeas y te diré de lo que careces. P 103.
Epicuro aconseja que se mezcle: “La locura con el buen sentido” solo de cuando en cuando y en pequeñas dosis. P 104.
Es preferible que le tengan a uno por estúpido, que pasar por un sabio antipático. P 104.
Mayor es la felicidad cuantos más son los seres que la disfrutan. P 104.
El hombre se ha vuelto necio a causa de su misma sabiduría. P 105.
El necio es variable como la luna, el sabio es fijo como el sol. P 105.
Quien añade ciencia añade dolor y en el mundo saber siempre hay mucha pena. EN el corazón de los sabios reside la tristeza, y en el de los locos, la alegría. P 106.
Dedique mi entusiasmo a conocer la prudencia y la sabiduría, los errores y la locura. P 106.
Más le conviene al hombre ocultar su locura que su sabiduría. P 106.
La locura del señor vale más que la sabiduría de las criaturas. P 111.
Jesús - Dios: Vedó a los sabios el misterio de la salvación, revelando, en cambio, a los niños y a los pobres de espíritu. P 112.
Por eso eligió al burro para cabalgar, aunque hubiese podido domar a los leones más feroces. P 112.
Por la misma razón ordenó Dios al hombre, bajo la amenaza de severos castigos, que no tocase al árbol de la ciencia, dando a entender que en él residía la desgracia. P 113.
La memoria, el entendimiento y la voluntad, son más independientes de la materia. P 116.
¡Olvidaos de cuanto os he dicho, famosos secretarios de la locura! ¡salud a todo! ¡bebed, vivid y aplaudid!
¡Olvidaos de cuanto os he dicho, famosos secretarios de la locura! ¡salud a todo! ¡bebed, vivid y aplaudid!
(Imagen de Pablo Morales de los Rios)
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