Titulo: LA DESPEDIDA
Subtitulo:
Autor: Milán Kundera
Editorial: Fabula – TusQuest Editores
Ciudad: España - 1997
Fecha de Lectura: Enero 2011
Lo que decide el carácter de la gente son sus mañas. P 34
Seducir una mujer, eso sabe hacerlo hasta el más tonto. Pero saber abandonarla es algo que sólo puede hacer un hombre maduro. P 37
Dios puso en el corazón de las mujeres el odio hacia las demás mujeres porque quería que la humanidad se multiplicase. P 48
Las personas deberían recibir su veneno el día de su mayoría de edad. Debería entregárseles en una ceremonia solemne. No para inducirlos al suicidio. Al contrario, para que vivan con más tranquilidad y más seguridad. Para que vivan con la conciencia de que son dueñas de su vida y su muerte. P 95
¿Cómo se puede querer a una tierra en la que no te dejan trabajar? P 96.
Fue un instante de humillación, ridícula, insignificante y sin embargo evidente. P 102
Porque el ansia de orden pretende convertir el mundo de los hombres en el reino de lo inorgánico, en el que todo marcha, funciona, sometido a un orden suprapersonal. El ansia del orden es al mismo tiempo ansia de muerte, porque la vida es una constante alteración del orden. O dicho al revés, el ansia del orden es el virtuoso pretexto con el cual el odio a la gente justifica su actuación devastadora. P 104.
El racismo estético es casi siempre una manifestación de inexperiencia. P 110
EL criterio estético viene del diablo no de dios. P 110
No hay mayor atadura que de la de la madre con el niño. Esta atadura mutila para siempre el alma del hijo y somete a la madre, en la época de la madurez del hijo, a los mayores sufrimientos amorosos que existen. P 111
En este país los hijos son castigados cuando los padres son desobedientes, y los padres cuando son desobedientes los hijos. P 112.
Tener un hijo significa manifestar que se está absolutamente de acuerdo con el hombre. Si tengo un hijo, es como dijera: He nacido, he experimentado la vida y he comprobado que es tan buena que merece ser repetida. P 112.
El mayor placer es el de ser admirado. P 119
El deseo de ser admirado es insaciable. P 120
Aquel que desea ser admirado, siente apego a la gente, se siente atado a ella, no puede vivir sin ella. P 121.
EL placer de comer aumenta con el amor por la gente. P 121
Las personas inteligentes viven en el más absoluto destierro. La humanidad produce una cantidad increíble de idiotas. Cuanto más tonto es un individuo, más ganas de reproducirse tiene. Los individuos perfectos procrean como máximo un hijo y los mejores de todos, como tú, llegan a la conclusión de que lo mejor es no multiplicarse en absoluto. Es una catástrofe. Y yo siempre he soñado con un mundo en el que el hombre no nazca rodeado de extraños, sino de hermanos. P 127
El hombre no puede seguir mezclando permanentemente el amor y la reproducción. P 127
No hay nada que pueda llenar tanto a una persona como los celos. P 134
Dios había sido compasivo con los perros al no poner en sus cabecitas el sentido de la belleza. P 140
Por desgracia no hay nada más real que esta irrealidad. P 147
¡Qué idilio, que descanso! ¡Qué entreacto en medio del drama! ¡Qué placentera tarde con tres faunos! P 163
Es, por lo tanto, un roce situado exactamente en la frontera entre lo inocente y lo desvergonzado. P 164
Euclides, en sus célebres elementos, dice a cerca de eso textualmente: “en ciertas circunstancias especiales y muy misteriosas, algunos números pares se comportan como impares” p 166
Ruzena es sobre este paisaje de este balneario, como una joya en el traje de un mendigo. Es como una luna olvidada en el cielo pálido del día. Es como una mariposa revoloteando sobre la nieve. P 171
¡Qué insoportable es tener la uñas sucias y una mujer hermosa a lado! P 171
Porque cuando se tiene celos, el tiempo pasa muy rápido. Quien tiene celos no sabe lo que es el aburrimiento. P 187
Bebía aquella desnudez como bebemos el pasado perdido y la vida perdida. P 189
La odiaba con toda la dimensión de su amor. P 190
Debía haberme ido ayer y aquí ya no soy más que mi propio retraso. P 208
Jakub absorbió su mirada, húmeda y blanda como la distancia. P 209
Solo conocía la amargura, la aspereza, pero no la tristeza. P 242
Subtitulo:
Autor: Milán Kundera
Editorial: Fabula – TusQuest Editores
Ciudad: España - 1997
Fecha de Lectura: Enero 2011
Lo que decide el carácter de la gente son sus mañas. P 34
Seducir una mujer, eso sabe hacerlo hasta el más tonto. Pero saber abandonarla es algo que sólo puede hacer un hombre maduro. P 37
Dios puso en el corazón de las mujeres el odio hacia las demás mujeres porque quería que la humanidad se multiplicase. P 48
Las personas deberían recibir su veneno el día de su mayoría de edad. Debería entregárseles en una ceremonia solemne. No para inducirlos al suicidio. Al contrario, para que vivan con más tranquilidad y más seguridad. Para que vivan con la conciencia de que son dueñas de su vida y su muerte. P 95
¿Cómo se puede querer a una tierra en la que no te dejan trabajar? P 96.
Fue un instante de humillación, ridícula, insignificante y sin embargo evidente. P 102
Porque el ansia de orden pretende convertir el mundo de los hombres en el reino de lo inorgánico, en el que todo marcha, funciona, sometido a un orden suprapersonal. El ansia del orden es al mismo tiempo ansia de muerte, porque la vida es una constante alteración del orden. O dicho al revés, el ansia del orden es el virtuoso pretexto con el cual el odio a la gente justifica su actuación devastadora. P 104.
El racismo estético es casi siempre una manifestación de inexperiencia. P 110
EL criterio estético viene del diablo no de dios. P 110
No hay mayor atadura que de la de la madre con el niño. Esta atadura mutila para siempre el alma del hijo y somete a la madre, en la época de la madurez del hijo, a los mayores sufrimientos amorosos que existen. P 111
En este país los hijos son castigados cuando los padres son desobedientes, y los padres cuando son desobedientes los hijos. P 112.
Tener un hijo significa manifestar que se está absolutamente de acuerdo con el hombre. Si tengo un hijo, es como dijera: He nacido, he experimentado la vida y he comprobado que es tan buena que merece ser repetida. P 112.
El mayor placer es el de ser admirado. P 119
El deseo de ser admirado es insaciable. P 120
Aquel que desea ser admirado, siente apego a la gente, se siente atado a ella, no puede vivir sin ella. P 121.
EL placer de comer aumenta con el amor por la gente. P 121
Las personas inteligentes viven en el más absoluto destierro. La humanidad produce una cantidad increíble de idiotas. Cuanto más tonto es un individuo, más ganas de reproducirse tiene. Los individuos perfectos procrean como máximo un hijo y los mejores de todos, como tú, llegan a la conclusión de que lo mejor es no multiplicarse en absoluto. Es una catástrofe. Y yo siempre he soñado con un mundo en el que el hombre no nazca rodeado de extraños, sino de hermanos. P 127
El hombre no puede seguir mezclando permanentemente el amor y la reproducción. P 127
No hay nada que pueda llenar tanto a una persona como los celos. P 134
Dios había sido compasivo con los perros al no poner en sus cabecitas el sentido de la belleza. P 140
Por desgracia no hay nada más real que esta irrealidad. P 147
¡Qué idilio, que descanso! ¡Qué entreacto en medio del drama! ¡Qué placentera tarde con tres faunos! P 163
Es, por lo tanto, un roce situado exactamente en la frontera entre lo inocente y lo desvergonzado. P 164
Euclides, en sus célebres elementos, dice a cerca de eso textualmente: “en ciertas circunstancias especiales y muy misteriosas, algunos números pares se comportan como impares” p 166
Ruzena es sobre este paisaje de este balneario, como una joya en el traje de un mendigo. Es como una luna olvidada en el cielo pálido del día. Es como una mariposa revoloteando sobre la nieve. P 171
¡Qué insoportable es tener la uñas sucias y una mujer hermosa a lado! P 171
Porque cuando se tiene celos, el tiempo pasa muy rápido. Quien tiene celos no sabe lo que es el aburrimiento. P 187
Bebía aquella desnudez como bebemos el pasado perdido y la vida perdida. P 189
La odiaba con toda la dimensión de su amor. P 190
Debía haberme ido ayer y aquí ya no soy más que mi propio retraso. P 208
Jakub absorbió su mirada, húmeda y blanda como la distancia. P 209
Solo conocía la amargura, la aspereza, pero no la tristeza. P 242

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