Título: LA PESTE
Subtítulo:
Autor: Albert Camus
Editorial: LIBRESA
Ciudad: Quito - 1993
O Dios no existe o Dios se Calla. P 31
Solamente en sus razones, en su naturaleza, en su afán por encontrar el bien, está la posibilidad de la moral. Para ello el hombre ha de ser lúcido y su lucidez solo puede ejercerse del lado de la tierra. Se afirma negando todo lo que trasciende estas verdades demasiado humanas. Conocimiento cierto del mundo y su condición, renuncia obstinada a todo lo que quiere dar razones que traspasan la evidencia concreta. P 38
Uno puede avergonzase de ser el único de ser feliz. P 43
La nueva felicidad de la solidaridad en el sufrimiento no es la alegría ya irresponsable y mecánica de un día en el mar, bajo el sol, destinado a agotarse en sí mismo. La honradez ha remplazado la antigua aspiración y quizás en ella se dé la verdadera, la única posible ventura. P 44
Quien cumple su deber honestamente, quien ayuda a los demás, quien lucha para hacer algo bello más allá de otra consideración que la perfección misma, no es un héroe, es simplemente un hombre. P 46
Para disminuir la pena y favorecer el olvido. P 47
La búsqueda de la liberación en detrimento de la organización. P 52
Una primavera que venden en los mercados. P 66
Ha ciudades y países donde las gentes tienen, de cuando en cuando, la sospecha de que existe otra cosa. P 66
Los hombres y mujeres o bien se devoran rápidamente en eso que se llama acto del amor, o bien se crean el compromiso de una larga costumbre a dúo. P 67
Su lenguaje era de un hombre cansado del mundo en que vivía, y sin embargo inclinado hacia sus semejantes y decidido, por su parte, a rechazar la injusticia y las concesiones. P 72
Fue a partir de ese momento cuando el miedo, y con él la reflexión, empezaron. P 81
¿Qué hacer para no perder el tiempo? Sentirlo en toda su lentitud. P 83
Contrariedades íntimas. P 89
Todo se ponía pegajoso a medida que avanzaba el día. P 89
La plaga no está hecha a la media del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones. P 91
En tiempos normales todos sabemos, conscientemente o no, que no hay amor que no pueda ser superado, por lo tanto aceptamos con más o menos tranquilidad que el nuestro sea mediocre. P 116
EL le había apretado la mano y fue entonces cuando decidieron casarse. (Un sinsentido) p 122
No hace falta ser feliz para recomenzar. P 122
Para todos nuestros conciudadanos este cielo de verano, estas calles que palidecían bajo los matices del polvo y del tedio, tenían el mismo sentido amenazador que la centena de muertos que pensaba sobre la ciudad cada día. P 144
¡Mientras que esa porquería de enfermedad! Hasta los que no la tienen la llevan en el corazón. P 145
Según la religión , la primera mitad de la vida de un hombre era una ascensión y la otra mitad un descenso; que en el descenso los días del hombre ya no le pertenecían, porque le podían ser arrebatadas en cualquier momento, que por tanto no podía hacer nada con ellos y que lo mejor era, justamente, no hacer nada. P 147
Al principio, cuando creían que era una enfermedad como las otras, la religión ocupaba su lugar. Pero cuando han visto que era cosa seria se han acordado del placer. P 150
La muerte no es nada para los hombres como yo. Es un acontecimiento que les da la razón. P 150
¿No es cierto, puesto que el orden del mundo está regido por la muerte, que acaso es mejor para Dios que no crea uno en él y que luche con todas sus fuerzas contra la muerte, sin levantar los ojos al cielo donde él esta callado? P 155
El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad si clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad. P 157
No hay verdadera bondad ni verdadero amor sin toda la clarividencia posible. P 157
Pero hay siempre un momento en la historia en el que quien se atreve a decir que dos y dos son cuatro está condenado a muerte. Bien lo sabe el maestro. Y la cuestión no es saber cuál será el castigo o la recompensa que guarda ese razonamiento. La cuestión es saber si dos y dos son o no cuatro. P 158
Esta verdad no era admirable: era solo consecuente. P 158
Solo los artistas saben mirar. P 160
Esa es mi misión en la vida: dar ocasiones. P 171
Es incapaz de sufrir o de ser feliz largo tiempo. Por tanto no es capaz de nada que valga la pena. P 180
No se trata de heroísmo, se trata solamente de honestidad. P 180
No sé lo que es en general. Pero, en mi caso, sé que no es más que hacer mi oficio. P 180
Un hombre que es presa de una gran enfermedad o de una profunda angustia queda por ello mismo a salvo de todas las otras angustias o enfermedades. P 200
Todo era todo o nada. P 222
El amor de Dios es un amor difícil. Implica el abandono total de sí mismo y el desprecio de la propia persona. P 224
Un cristiano tiene que perder la fe o aceptar tener los ojos saltados. P 225
La pobreza le había enseñado la resignación. P 240
He comprendido que en este mundo no podemos hacer ningún movimiento sin exponernos a matar. P 242
Por eso me he decidido a rechazar todo lo que de cerca o de lejos, por buenas o malas razones haga morir o justifique que se haga morir. P 243
Cansa mucho ser un pestífero, pero cansa más no serlo. Por eso hoy día todo el mundo parece cansado, porque todos se encuentran pestíferos. Y por eso, sobre todo, los que quieran dejar de serlo llegan a un extremo tal de cansancio que nada podrá librarles de él más que la muerte. P 243
Yo me siento más solidario con los vencidos que con los santos. No tengo afición al heroísmo ni a la santidad. Lo que me interesa es el hombre. P 245
El viento de la esperanza que se levantaba había encendido una fiebre y una impaciencia que les privaba del dominio de sí mismos. P 255
Para llegar a ser un santo hay que vivir. Usted Luche p 264
Era dar ocasión al azar que muchas veces no actúa si no se le provoca. P 265
Querer a alguien no es gran cosa o, más bien, que el amor no es nunca lo suficientemente fuerte para encontrar su propia expresión. P 269
Todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo. P 269
Que duro debía ser vivir únicamente con lo que se sabe y con lo que se recuerda, privado de lo que es espera. P 270
¿Qué quiere decir la peste? Es la vida y nada más. P 280
El viejo tenía razón, los hombre eran siempre los mismos. P 281
Subtítulo:
Autor: Albert Camus
Editorial: LIBRESA
Ciudad: Quito - 1993
O Dios no existe o Dios se Calla. P 31
Solamente en sus razones, en su naturaleza, en su afán por encontrar el bien, está la posibilidad de la moral. Para ello el hombre ha de ser lúcido y su lucidez solo puede ejercerse del lado de la tierra. Se afirma negando todo lo que trasciende estas verdades demasiado humanas. Conocimiento cierto del mundo y su condición, renuncia obstinada a todo lo que quiere dar razones que traspasan la evidencia concreta. P 38
Uno puede avergonzase de ser el único de ser feliz. P 43
La nueva felicidad de la solidaridad en el sufrimiento no es la alegría ya irresponsable y mecánica de un día en el mar, bajo el sol, destinado a agotarse en sí mismo. La honradez ha remplazado la antigua aspiración y quizás en ella se dé la verdadera, la única posible ventura. P 44
Quien cumple su deber honestamente, quien ayuda a los demás, quien lucha para hacer algo bello más allá de otra consideración que la perfección misma, no es un héroe, es simplemente un hombre. P 46
Para disminuir la pena y favorecer el olvido. P 47
La búsqueda de la liberación en detrimento de la organización. P 52
Una primavera que venden en los mercados. P 66
Ha ciudades y países donde las gentes tienen, de cuando en cuando, la sospecha de que existe otra cosa. P 66
Los hombres y mujeres o bien se devoran rápidamente en eso que se llama acto del amor, o bien se crean el compromiso de una larga costumbre a dúo. P 67
Su lenguaje era de un hombre cansado del mundo en que vivía, y sin embargo inclinado hacia sus semejantes y decidido, por su parte, a rechazar la injusticia y las concesiones. P 72
Fue a partir de ese momento cuando el miedo, y con él la reflexión, empezaron. P 81
¿Qué hacer para no perder el tiempo? Sentirlo en toda su lentitud. P 83
Contrariedades íntimas. P 89
Todo se ponía pegajoso a medida que avanzaba el día. P 89
La plaga no está hecha a la media del hombre, por lo tanto el hombre se dice que la plaga es irreal, es un mal sueño que tiene que pasar. Pero no siempre pasa, y de mal sueño en mal sueño son los hombres los que pasan, y los humanistas en primer lugar, porque no han tomado precauciones. P 91
En tiempos normales todos sabemos, conscientemente o no, que no hay amor que no pueda ser superado, por lo tanto aceptamos con más o menos tranquilidad que el nuestro sea mediocre. P 116
EL le había apretado la mano y fue entonces cuando decidieron casarse. (Un sinsentido) p 122
No hace falta ser feliz para recomenzar. P 122
Para todos nuestros conciudadanos este cielo de verano, estas calles que palidecían bajo los matices del polvo y del tedio, tenían el mismo sentido amenazador que la centena de muertos que pensaba sobre la ciudad cada día. P 144
¡Mientras que esa porquería de enfermedad! Hasta los que no la tienen la llevan en el corazón. P 145
Según la religión , la primera mitad de la vida de un hombre era una ascensión y la otra mitad un descenso; que en el descenso los días del hombre ya no le pertenecían, porque le podían ser arrebatadas en cualquier momento, que por tanto no podía hacer nada con ellos y que lo mejor era, justamente, no hacer nada. P 147
Al principio, cuando creían que era una enfermedad como las otras, la religión ocupaba su lugar. Pero cuando han visto que era cosa seria se han acordado del placer. P 150
La muerte no es nada para los hombres como yo. Es un acontecimiento que les da la razón. P 150
¿No es cierto, puesto que el orden del mundo está regido por la muerte, que acaso es mejor para Dios que no crea uno en él y que luche con todas sus fuerzas contra la muerte, sin levantar los ojos al cielo donde él esta callado? P 155
El mal que existe en el mundo proviene casi siempre de la ignorancia, y la buena voluntad si clarividencia puede ocasionar tantos desastres como la maldad. P 157
No hay verdadera bondad ni verdadero amor sin toda la clarividencia posible. P 157
Pero hay siempre un momento en la historia en el que quien se atreve a decir que dos y dos son cuatro está condenado a muerte. Bien lo sabe el maestro. Y la cuestión no es saber cuál será el castigo o la recompensa que guarda ese razonamiento. La cuestión es saber si dos y dos son o no cuatro. P 158
Esta verdad no era admirable: era solo consecuente. P 158
Solo los artistas saben mirar. P 160
Esa es mi misión en la vida: dar ocasiones. P 171
Es incapaz de sufrir o de ser feliz largo tiempo. Por tanto no es capaz de nada que valga la pena. P 180
No se trata de heroísmo, se trata solamente de honestidad. P 180
No sé lo que es en general. Pero, en mi caso, sé que no es más que hacer mi oficio. P 180
Un hombre que es presa de una gran enfermedad o de una profunda angustia queda por ello mismo a salvo de todas las otras angustias o enfermedades. P 200
Todo era todo o nada. P 222
El amor de Dios es un amor difícil. Implica el abandono total de sí mismo y el desprecio de la propia persona. P 224
Un cristiano tiene que perder la fe o aceptar tener los ojos saltados. P 225
La pobreza le había enseñado la resignación. P 240
He comprendido que en este mundo no podemos hacer ningún movimiento sin exponernos a matar. P 242
Por eso me he decidido a rechazar todo lo que de cerca o de lejos, por buenas o malas razones haga morir o justifique que se haga morir. P 243
Cansa mucho ser un pestífero, pero cansa más no serlo. Por eso hoy día todo el mundo parece cansado, porque todos se encuentran pestíferos. Y por eso, sobre todo, los que quieran dejar de serlo llegan a un extremo tal de cansancio que nada podrá librarles de él más que la muerte. P 243
Yo me siento más solidario con los vencidos que con los santos. No tengo afición al heroísmo ni a la santidad. Lo que me interesa es el hombre. P 245
El viento de la esperanza que se levantaba había encendido una fiebre y una impaciencia que les privaba del dominio de sí mismos. P 255
Para llegar a ser un santo hay que vivir. Usted Luche p 264
Era dar ocasión al azar que muchas veces no actúa si no se le provoca. P 265
Querer a alguien no es gran cosa o, más bien, que el amor no es nunca lo suficientemente fuerte para encontrar su propia expresión. P 269
Todo lo que el hombre puede ganar al juego de la peste y de la vida es el conocimiento y el recuerdo. P 269
Que duro debía ser vivir únicamente con lo que se sabe y con lo que se recuerda, privado de lo que es espera. P 270
¿Qué quiere decir la peste? Es la vida y nada más. P 280
El viejo tenía razón, los hombre eran siempre los mismos. P 281

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